Boletín de Maoz Israel enero 2023

Dirige la adoración, dirige el mundo

Con el pasar de las décadas, la cultura israelí parecía anhelar ser «como todas las demás naciones». Las artes desempeñaron un papel en este proceso, dado que los artistas de Israel produjeron canciones, películas, libros y obras de teatro que glorificaban la maldad. Como es habitual en nuestro país, una vez que siguen una dirección, acaban marcando el camino.


Shani Ferguson
Por Shani Ferguson
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Para los israelíes, tener científicos e ingenieros que construyan nuevas máquinas y procesos técnicos asombrosos que mejoran la vida de personas de todo el mundo es un tremendo motivo de orgullo. Hace unas pocas décadas, un puñado de millones de personas que antes no tenían un lugar al cual llamar hogar, ahora están encontrando curas y tratamientos para enfermedades y ayudando a culturas en dificultades de todo el mundo. Hay algo en nosotros, como pueblo, que nos produce una profunda satisfacción bendecir a los demás, incluso, o quizás especialmente, a las culturas que no nos quieren en absoluto.

Si bien el «liderazgo» de Israel en áreas como la medicina y la tecnología se suele reconocer en el ámbito internacional, sus contribuciones al mundo de la música suelen pasarse por alto. En la década de 1970, Israel obtuvo dos veces el primer puesto en lo que se ha convertido en el mayor y más antiguo concurso de canto del mundo (aunque muchos estadounidenses nunca han oído hablar de él): Eurovisión. El hecho de que ganaran, sin embargo, es menos importante que las canciones que les dieron la victoria. La canción de 1978 que Israel envió para representar a la nación se llamaba «Abanibi». Escrita originalmente pensando en los niños, el estribillo «Abanibi Abohebev Abotobaj», es simplemente la frase «Ani Ohev Otaj» (Te quiero) en una tonta forma infantil que añade el sonido «b» después de cada sílaba. Al año siguiente, Israel presentó su segunda canción ganadora, llamada «Aleluya», la cual expresa gratitud por muchas cosas de la vida y concluye con la frase: «Aleluya por todo lo que ha pasado, y por todo lo que ha de suceder, ¡Aleluya!».

Con el pasar de las décadas, la cultura israelí parecía anhelar ser «como todas las demás naciones». Las artes desempeñaron un papel en este proceso, dado que los artistas de Israel produjeron canciones, películas, libros y obras de teatro que glorificaban la maldad. Como es habitual en nuestro país, una vez que siguen una dirección, acaban marcando el camino. La siguiente vez que Israel ganaría Eurovisión fue veinte años después, cuando enviaron a una cantante transexual llamada Dana International, que ganó con la canción «Diva», que celebraba a las mujeres como diosas sensuales.

Izquierda: Dana International en plena presentación (Credit: EUPA-Images / Shutterstock)
Derecha: Representando a Israel, el grupo «Milk and Honey» gana el primer puesto con la canción «Aleluya» en Eurovisión 1979

El cambio no se produjo de la noche a la mañana, pero el declive fue constante y progresivo, y afectó a diversos ámbitos de la sociedad israelí. Entre los problemas sociales más comunes, Israel fue preponderante en áreas como la corrupción política, convirtiéndose en la primera democracia en enviar a prisión tanto a un expresidente como a un ex primer ministro (y a otros altos funcionarios gubernamentales) por delitos como soborno y violación. Por otro lado, los líderes empresariales israelíes no se quedaron atrás y también fueron noticia por sus actividades ilegales, tanto dentro del país como a escala internacional.

Sin importar lo que pasara, Israel estaba destinado a ser el líder, pero no se suponía que fuera de este modo.

Cuando los hijos de Israel comenzaron su viaje de transformación de esclavos a representantes de Dios en la tierra, se les dio instrucciones sobre cómo ser luz a las naciones. Al pasar por el desierto no solo aprendieron las reglas, sino también recibieron el poder para seguirlas. Ahí fue donde se introdujo la adoración.

Un pueblo portador de la presencia de Dios

Cuando uno piensa en los judíos de hoy en día, probablemente se imagina shofares, mantos de oración, Janucá y matzá. Sin embargo, cuando Dios llamó a los hijos de Israel a ser luz a las naciones, no les estaba encomendando aconsejar al mundo sobre la mejor manera de guardar las normas kosher, sino ser un pueblo al que los gentiles pudieran acudir para experimentar la Fuerza más Poderosa del universo. Los estaba llamando a ser una nación que llevara consigo la presencia del Dios vivo. Y como el Señor se enaltece en las alabanzas de Su pueblo, ellos necesitaban saber cómo alabar y adorar. 

La adoración no solo le entregaba a Dios el honor que merecía, sino que creaba un espacio para que Él habitara entre su pueblo. La presencia de Dios, por su propia naturaleza, los capacitaba para vivir una vida digna de su llamado. Por eso, el papel de los levitas como «dirigentes de la adoración» era tan crucial para la existencia de Israel, como representantes de Dios en la tierra.

En varios momentos de la historia de Israel, los levitas se corrompieron o su papel fue descuidado por las otras tribus. En ambos casos, durante esas épocas las cosas no marcharon bien para esta nación. Nehemías enfrentó de forma notable a los líderes del pueblo por haber desatendido a los levitas y sus funciones delante del Señor. La restitución de los miembros de la tribu de LevÍ a sus puestos fue crucial para el debido restablecimiento de Israel como pueblo portador de la presencia de Dios en la Tierra Prometida.

Como sabemos, Dios no cambia, y Sus caminos en la Biblia marcan nuestra pauta hoy. Si era claro que Israel requería el papel de los levitas para poder cumplir con su llamado, ¿por qué no ha de ser obvio que lo requiera ahora?

Los levitas en la actualidad

Fue esta revelación la que nos inspiró a crear el proyecto continuo de producción musical denominado Maoz Israel Music, que sirve como una plataforma para ayudar a los artistas y músicos que aman a Yeshúa a cumplir con su llamado de guiar a Israel en la adoración del Dios viviente. Al reintroducir esta pieza vital del rompecabezas profético de Dios, estamos haciendo nuestra parte en el trabajo divino de restaurar la nación de Israel y preparar al mundo para el regreso de Yeshúa a esta tierra.

¿Cómo son los levitas actuales? En primer lugar, a simple vista parecen personas comunes y corrientes. En nuestro equipo hay gran diversidad de trasfondos y habilidades, pero lo que todos tenemos en común como ciudadanos israelíes es el amor por nuestro pueblo y el deseo de utilizar nuestros dones para dar a conocer al Dios de Israel entre las naciones.

Izquierda: El líder de adoración, Yazeed Sakhnini, canta el sermón de la montaña de Mateo 5 en árabe ante una audiencia de árabes musulmanes y cristianos en Nazaret.
Derecha: Jóvenes adoradores en formación como parte del programa de Maoz Israel Music

Hacer famoso a Yeshúa

«Con toda esta música que produces… ¿pretendes hacer famosos a los artistas de adoración?», le preguntaron a Kobi mientras compartía la visión de Maoz Israel Music y de los levitas modernos. Él respondió: «intento colocar la adoración israelí al alcance de la gente de Israel y de todo el mundo». «Quiero que Yeshúa sea famoso, y cuando los artistas de adoración consiguen fama, están creando el escenario para lograr este objetivo».

Kobi revisa la lista de canciones para el proyecto de adoración árabe

Sin embargo, cuando los cristianos en el extranjero ven nuestro hermoso estudio y los esfuerzos realizados para que la adoración israelí salga al mercado, no siempre se percatan de la poca gloria que obtenemos al ser reconocidos como seguidores de Yeshúa en Israel. No es un tipo de fama divertida, porque nos convierte, junto a nuestra familia, en blanco de acoso y persecución. Los artistas y dirigentes de alabanza se presentan como judíos delegados del Señor en medio de un entorno hostil, pero a eso han sido convocados. Comprenden el impacto que esta adoración está destinada a tener en su pueblo y en las naciones. Después de todo, quien dirige la adoración, dirige el mundo. Por eso se entregan de corazón a su llamado, como sus antepasados, como los guerreros de antaño, como individuos que han nacido para ser portadores de la presencia de Dios.

¿Cuál es tu tribu?

Conviene recordar que, en un principio, Dios pretendía que se eligiera a un grupo selecto de personas de cada tribu para realizar esta función. El plan cambió cuando los miembros de la tribu de Leví, la tribu de Moisés, se distinguieron por ser los únicos que no adoraron al becerro de oro mientras la presencia de Dios descansaba en la montaña cercana.

Hoy en día, para los judíos, buscar nuestro origen tribal es difícil. A lo largo de los siglos, hemos sido exiliados, y además expulsados, de un país a otro durante miles de años. Hemos vivido escondidos, cambiando nuestros nombres, entregando a nuestros hijos para que los gentiles los cuiden de manera temporal (y a veces permanente), e incluso ocultando nuestra identidad frente a los hijos y nietos para protegerlos. Por pura probabilidad, hoy viven judíos que jamás sabrán que descienden de la tribu sacerdotal. Por otra parte, he oído historias de personas que emigraron a nuevas tierras y, cuando les preguntaron su nombre, escogieron el apellido Cohen porque les sonaba muy bien. En última instancia, tal vez el rey David sirva como nuestro modelo de adorador, dado que tuvo más influencia en la adoración tal como la conocemos, que cualquier otra persona en las Escrituras; y él, como Yeshúa, era de la tribu de Judá.

De izquierda a derecha: Andrew, Roman, Stefan y Shani en la sala de control del estudio

Andrew

Ingeniero/músico

Andrew, nuestro ingeniero de estudio, creció en California y soñaba con vivir y trabajar en Japón. Sin embargo, tenía amigos en la comunidad judía mesiánica de California y también sentía curiosidad por Israel. Por lo tanto, decidió realizar un viaje a Tierra Santa para ver algunos de los lugares mencionados en la Biblia.

Uno de sus amigos tenía vínculos con un ministerio local israelí y, mientras estaba en el país, decidió investigar. Fue durante una visita a su oficina cuando conoció a una joven israelí llamada Shani (no Ferguson) que trabajaba allí. El resto, como dicen los poetas, es historia.

«Enseguida nos dimos cuenta de que mi encuentro con ella era lo que Dios tenía en mente desde el principio en cuanto a mi visita a Israel», recuerda.

Para mantenerse en contacto con su nueva amiga, Andrew se ofreció como voluntario en un ministerio israelí y permaneció con ellos durante muchos años, para acabar casándose con Shani y comprar una casa con ella en un pueblo cercano a Jerusalén. Aunque mucho tiempo  atrás había abandonado la idea de vivir en Japón, Andrew sentía pasión por la música y decidió estudiar ingeniería de sonido en Tel Aviv. Irónicamente, el programa de financiamiento I Stand with Israel de Maoz fue el que le costeó los estudios, sin saber que esta misma fundación acabaría disfrutando los conocimientos que adquirió.

«Empecé a trabajar a tiempo completo para Maoz a finales de 2018, y un año después el COVID comenzó a ser un problema —explica—. Sin embargo, pudimos seguir laborando incluso cuando empezaron los confinamientos porque el gobierno consideró a la música como un servicio imprescindible. Me encanta este arte y cuando crecí en California nunca soñé que podría  desempeñarme en este campo en Israel. Es una bendición poder hacer lo que amo y a la vez trabajar para el Señor formando parte de un gran equipo como el que tenemos aquí en Maoz».

Stefan

Compositor de música

Stefan es uno de nuestros compositores musicales. Nació en Rumanía y llegó a Israel con sus padres cuando tenía cuatro años. De joven, se trasladó a Jerusalén y empezó a asistir a una congregación que pronto lo contrató para trabajar de conserje. Sin embargo, a veces lo veíamos parar de barrer para tomar apuntes en pequeñas hojas de papel, y cuando le preguntábamos sobre sus notas respondía que eran las canciones que Dios había puesto en su corazón.

Le prometimos que algún día, cuando tuviéramos la oportunidad, lo contrataríamos para escribir esas canciones. En 2016, cuando por fin abrimos el estudio que habíamos soñado y por el que habíamos orado, él fue la primera persona a la que llamamos.

«A veces escribo mis propias canciones y creo borradores que luego se llevan al área de producción principal y se perfeccionan hasta que están listas para salir al mercado —explica—. Otras veces hago lo mismo con las composiciones de otros que quieren crear una canción a partir de una simple melodía. Algunas de las canciones de adoración que se cantan hoy en congregaciones de todo Israel nacieron de esta manera».

Ejemplos de canciones en las que Stefan ha trabajado y que mucha gente en Israel reconocería son (transcritas en inglés): Ein Elohim Acher (No hay otro Dios), Lo Amaher (No me daré prisa), Kes Ha’Rachamim (Trono de misericordia) y Sha’areh Ha’Shamaim (Las puertas del cielo).

«Quiero seguir trabajando y desarrollándome en la composición musical —dijo—. Mi esperanza es que se libere más y más creatividad a medida que producimos esta música para dar gloria y honor a Yeshúa y ser una bendición para el mundo que nos rodea».

«Me gustaría alentar a la gente a no renunciar al don que Dios les ha dado, sea cual sea su tamaño, grande o pequeño. Dios puede abrir un camino para su don como lo hizo conmigo».

Birgitta y el equipo de Maoz Media (Ruben, Tim, Alisa, Dana) al final de un largo día de rodaje del video musical de su nueva canción «All of Creation» (Todo lo de la creación).

Birgitta

Cantante/compositora

Birgitta creció en Estonia antes de mudarse a Israel con su familia cuando tenía doce años. A los diecisiete, empezó a tener contacto ocasional con Maoz porque había concursado en la versión israelí de American Idol y, con el tiempo, se involucró en la música de adoración en su propia congregación.

«Conocí a mi esposo en una escuela bíblica de Estonia, cuando él era uno de mis alumnos en un curso de hebreo que yo impartía —explica—. Era judío de nacimiento pero no sabía mucho de la cultura y quería conocer más. Sin embargo, resultó que su mayor interés era la profesora. Al principio no me fijé en él, pero me conquistó y ahora estamos criando a nuestros hijos aquí en Jerusalén».

Con el tiempo, Birgitta pasó a trabajar en Maoz a tiempo completo como ayudante encargada de organizar los horarios del personal y la distribución de la música que se produce en el estudio. «Hoy me encuentro en este lugar porque aquí hay mucha gente que me inspira —dice—. El valor humano de este lugar lo eleva a otro nivel. Las personas que se han reunido en torno a esta idea y visión, son portadoras de algo muy diferente, único y muy importante».

«Este lugar es especial por la comprensión que tiene la gente acerca de compartir los dones que Dios les ha dado, en vez de reservarlos para sí mismo o para su propia carrera. Es casi como una mentalidad de kibutz, de compartir, edificarnos y ayudarnos unos a otros para crear algo todos juntos. Siempre quise formar parte de algo más grande, y eso ocurrió aquí de una manera muy natural».

«Ahora, no solo dirijo el estudio, sino que también enseño y produzco música para artistas y líderes de adoración jóvenes y prometedores de todo el país». –GABRIEL

Gabriel

Productor/músico

Gabriel nació en Francia y emigró a Israel con su familia cuando tenía seis años. Empezó a tocar la batería en esa época y creció en la comunidad musical de Israel. Empezó a trabajar con Maoz mientras servía en las Fuerzas de Defensa de Israel y cuando le ofrecieron un puesto a tiempo completo para dirigir las operaciones del estudio de grabación Maoz en Jerusalén, aceptó encantado.

«Cuando compartieron su plan para Maoz Israel Music y la visión de ver la restauración de los levitas modernos, supe que este era el lugar para mí —dijo—. Comenzaba una vida dedicada a servir en la adoración ¡tal como lo hacían los levitas en los tiempos bíblicos en esta misma ciudad! Ahora, no solo dirijo el estudio, sino que también enseño y produzco música para artistas y líderes de adoración jóvenes y prometedores de todo el país. No hay nada parecido a esto en ningún otro lugar de Israel y me siento muy honrado de formar parte».

«Cuando empecé éramos solo Stefan y yo, pero ahora el equipo está formado por trece personas y espero que muchos más músicos se unan a nuestros esfuerzos. Dios traerá a la gente que Él quiera que esté aquí; eso no lo controlamos nosotros. Yo diría que es Él quien dirige el espectáculo. La gente nueva llega a veces de forma inexplicable; simplemente aparecen y empiezan a hablar con nosotros y pronto la relación florece y es obvio que estaban destinados a estar aquí».

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