Sobres electorales israelíes
Boletín de Maoz Israel noviembre 2022

¿Por qué hay tantas elecciones en Israel?

¿Cómo debemos votar como judíos mesiánicos? ¿Cómo votarías tú si estuvieras en nuestro lugar?
¿Debemos votar a los que quieren asegurar toda la tierra de Israel, como enseña la Biblia? ¿O debemos ir con el partido más tolerante con los judíos mesiánicos y nuestras actividades?
¿Qué partido nos dará más libertad para predicar las Buenas Nuevas en Israel y acabar con la persecución de los judíos mesiánicos en todo el país?


Shira Sorko-Ram
Por Shira Sorko-Ram
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¡El primero de noviembre, Israel habrá celebrado su quinta elección desde 2019!

En general, cuando la gente de fuera piensa en la política israelí, se detiene en un tema principal: la tierra. Sin embargo, liderar una nación es siempre algo más que la mera limitación de sus fronteras, por lo que pocas personas de fuera entienden nuestra política. Por su importancia histórica y espiritual, Israel resulta muy difícil de asimilar. «Complicado», «intrincado», «arduo»… no hay una única palabra que pueda describir eficazmente la complejidad del sistema utilizado para gobernar este antiguo pedazo de tierra.

Aunque los partidos políticos israelíes se denominan de «izquierda» y de «derecha» en cuanto a su ideología, la naturaleza polifacética de los problemas de Israel implica que no hay una izquierda o una derecha «normal» como en otras democracias, sino partidos en los que uno trata de valorar lo más positivo y lo menos negativo para elegir cómodamente un bando y así votar.

Lo bueno es que puedes estar de acuerdo con prácticamente todos los partidos en algo y, cuando estén en el poder, puedes orar para que avancen en las áreas en las que coincides. Lo malo es que esto también significa que el partido al que inevitablemente votas puede defender cosas a las que también te opones con firmeza. Para los judíos mesiánicos de Israel, el dilema es más que teórico. ¿Cómo debemos votar como judíos mesiánicos? ¿Cómo votarías tú si estuvieras en nuestro lugar?

¿Debemos votar a los que quieren asegurar toda la tierra de Israel, como enseña la Biblia? ¿O debemos ir con el partido más tolerante con los judíos mesiánicos y nuestras actividades?

¿Qué partido nos dará más libertad para predicar las Buenas Nuevas en Israel y acabar con la persecución de los judíos mesiánicos en todo el país?

¿Y qué hay de las actitudes del partido respecto al colectivo LGBTQ y al aborto?

¿Y si el partido que tiene la «mejor» ideología, comparable a las promesas de Dios de la Tierra, es también conocido por ser el más corrupto o el más violento y hostil hacia los demás?

Por otra parte, ¿quién sería el mejor primer ministro para representarnos en el mundo? ¿Y quién sería el mejor para supervisar la seguridad contra Hamás, Hezbolá, Irán, Siria y los terroristas de todas partes?

La dura realidad es que ninguna persona o partido es ideal para todas estas cuestiones.

Cómo funciona

Siempre hay muchos partidos políticos que se forman para intentar ganar escaños de la Knéset en unas elecciones. Sin embargo, cada partido sabe que debe tener alguna posibilidad de alcanzar el mínimo del 3,25 % del total de votos para conseguir esos escaños. La mayoría se da cuenta mediante las encuestas de que no tiene ninguna chance, por lo que se queda en el camino. En estas elecciones, «tan solo» trece partidos lograron registrarse. Pese a esto, no hay garantía de que todos los partidos pequeños obtengan algún escaño.

El poder puede fluctuar drásticamente, ya que el dominio o incluso la existencia de un partido político puede cambiar de unas elecciones a otras. Los resultados generales se conocen con bastante rapidez tras el cierre de la votación, pero siempre hay uno o dos escaños que cambian de partido, según el recuento final, que tarda alrededor de una semana. No obstante, reunir una coalición de al menos sesenta y un votos puede llevar semanas o meses, o ni siquiera lograrlo, lo que da lugar a nuevas elecciones.

Mientras tanto, Yair Lapid seguirá ejerciendo como primer ministro interino hasta que Israel pueda formar un nuevo gobierno.

La Knéset, el edificio del Parlamento de Israel en Jerusalén

Partidos de derecha

Likud: el partido más grande, encabezado por Benjamin Netanyahu. El Likud ha insistido constantemente en el derecho de los asentamientos judíos en Cisjordania, pero no ha descartado de forma explícita un Estado palestino. Este partido se considera más moderado porque tiene menos candidatos «religiosos», en comparación con los otros partidos de derecha. Sin embargo, el Likud debe conseguir que todos los partidos religiosos se unan a ellos (incluidos los ultraortodoxos y los de extrema derecha) si quiere crear un gobierno de al menos sesenta y un miembros de la Knéset. Para ellos, el colectivo LGBTQ y el aborto no son áreas de interés.

Ideología aparte, los quince años de gobierno de Netanyahu han dado lugar a numerosas acusaciones de corrupción que aún no se han resuelto en los tribunales.

Sionismo Religioso: el líder es Ben-Gvir, popular entre la juventud israelí. Está a favor de la tierra de Israel, utiliza amenazas violentas y causa disturbios a propósito entre israelíes y palestinos árabes. La facción de Ben-Gvir defiende la solución de un solo Estado (sin Estado palestino), que incluye la anexión de Cisjordania al propio Israel.

Su objetivo es «profundizar en la identidad judía de los estudiantes» y está en contra de «paralizar la construcción de asentamientos judíos, liberar a los terroristas o negociar con la Autoridad Palestina». Desde el punto de vista ideológico, Ben-Gvir cree que la forma de proteger a nuestro país es principalmente con la espada. Ha hablado maravillas de personas como Baruch Goldstein, que asesinó a veintinueve árabes e hirió a ciento veinticinco en la masacre de Hebrón de 1994.

Judaísmo Unido de la Torá: judíos rabínicos asquenazíes (europeos), en su mayoría de derecha. El partido está encabezado por una elite rabínica autoritaria que exige el control total de la ciudadanía y la autorización de los matrimonios y funerales de los judíos israelíes. Reclaman asistencia social para la mitad de los hombres ultraortodoxos que no trabajan ni sirven en el ejército. Exigen financiación para sus escuelas, pero se niegan a enseñar matemáticas, hebreo, inglés o materias que preparen a los niños para la fuerza de trabajo civil.

Tiene organizaciones que persiguen a los judíos mesiánicos para negarles la ciudadanía israelí, el matrimonio y los servicios fúnebres. Han sido los principales perseguidores de los seguidores de Yeshúa. No está a favor del aborto ni del colectivo LGBTQ, especialmente de los desfiles de homosexuales en Jerusalén, pero como miembros de la Knéset, toleran ambos y hacen poco para oponerse legalmente. No creen en la legitimidad de Israel como nación democrática (secular). Es el único partido de derecha no sionista y, por lo tanto, no tiene una opinión formal sobre el aumento de la población judía en Cisjordania.

Shas: judíos mayoritariamente sefardíes (latinos/de Medio Oriente) también guiados por la elite rabínica. De derecha, pero algo menos extrema. La mayoría de los judíos sefardíes trabajan. Sin embargo, sus líderes no toleran a los judíos mesiánicos en lo que respecta a la aliyá, el matrimonio o los derechos de sepultura.

Tanto el Shas como el Judaísmo Unido de la Torá suelen mostrarse conformes con la política de coalición del partido Likud si reciben grandes beneficios económicos, mucho más cuantiosos en proporción que los del resto de la población israelí. El Shas se opone a cualquier paralización de la construcción de asentamientos israelíes en Cisjordania. Condena la violencia contra el colectivo LGBTQ, pero se opone a él y a los desfiles del Orgullo en Jerusalén.

Si estos cuatro partidos obtienen un mínimo de sesenta y uno de los ciento veinte escaños de la Knéset, se plantean aceptar a Benjamín Netanyahu como próximo primer ministro.

Los partidos «Nunca Netanyahu»

Los partidos «cualquiera menos Netanyahu» forman parte de la coalición saliente. La increíblemente improbable unión de ocho partidos muy diferentes ideológicamente —desde los conservadores hasta el centro y los liberales, más un partido árabe— se dio simplemente para superar el estancamiento de tres elecciones consecutivas no concluyentes y de años de un gobierno interino que no pudo abordar cuestiones importantes a nivel nacional.

Estos líderes de los partidos hicieron lo que nunca se había hecho en la historia del Israel moderno. Aunque provenían de las más diversas corrientes ideológicas, dejaron de lado la mayoría de sus plataformas y acordaron humildemente trabajar juntos para que el pueblo israelí pudiera tener un verdadero gobierno. Se dijo que la coalición no duraría ni una semana, pero duró un año. Estos mismos ocho partidos pueden intentar reconstruir la misma coalición.

Hay futuro: encabezado por el actual primer ministro interino Yair Lapid. Es un partido liberal centrista. Personalidad buena y carismática, honesta y trabajadora. Reclama una solución de dos Estados, pero hace hincapié en que debe ser una paz que conduzca a la seguridad, no una paz que desestabilice Medio Oriente. Busca impulsar la problemática de las mujeres para que ocupen puestos de trabajo de alto nivel en las empresas y en la política. Ha sido acusado de trabajar contra los creyentes judíos, así como de colaborar discretamente con algunos.

Partido de Unidad Nacional: encabezado por el ministro de Defensa interino, el general Benny Gantz. Partido de centro-derecha. Algunos miembros de su partido serían tolerantes con los judíos mesiánicos, mientras que otros no. Considera que Israel es el Estado-nación para el pueblo judío. Si tanto Netanyahu como Lapid son incapaces de formar un gobierno de sesenta y uno, Gantz se postulará como alternativa.

Hogar Judío: encabezado por Ayelet Shaked. De extrema derecha, pero abandonó el partido de Netanyahu y se unió a la última «coalición de nunca Netanyahu» como ayudante de la mano derecha del exprimer ministro Naftali Bennett. Ahora está siendo castigada por los derechistas por dejar a Netanyahu y unirse a una coalición con un partido árabe. Es posible que su partido no supere el mínimo del 3,25 % de los votos. Si no lo hace, los votos que consiga se repartirán entre todos los demás partidos. La cuestión es qué hará Netanyahu si ella puede aportar el crucial escaño número 61 en una coalición.

Israel Nuestro Hogar: encabezado por Avigdor Lieberman, que es originario de Rusia. Derecha nacionalista secular. A favor de la tierra. Tolerante con los judíos mesiánicos, pero muy abierto contra las sectas religiosas rabínicas que exigen una financiación desproporcionada para sus comunidades. Fue ministro de Finanzas en el último gobierno y desvió gran parte de la financiación a muchas otras áreas críticas que, en el pasado, se habían repartido entre los ultraortodoxos que no trabajaban.

En la próxima Knéset, Lieberman dijo que el primer proyecto de ley que impulsaría sería para hacer más difícil el derrocamiento de un gobierno. Los gobiernos israelíes triunfan o fracasan por una mayoría de sesenta y un legisladores en la Knéset de ciento veinte escaños. El político propuso una mayoría de noventa votos para derrocar a un gobierno en sus dos primeros años. Dijo que cuando se prometen dos años de estabilidad política, los ciudadanos israelíes se benefician.

Mantener la estabilidad política en Israel es fundamental. Este país ha tenido treinta y seis gobiernos en sus setenta y cuatro años. Aunque Lieberman tiene un historial poco brillante en otras áreas, este es el tipo de soluciones creativas e innovadoras que uno puede apreciar en él.

Partido Laborista: socialdemócrata y sionista de centro-izquierda, ultraidealista, tolerante con los judíos mesiánicos. Apoya una economía mixta de capitalismo con fuertes programas de bienestar social. Apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo, la legalización del cannabis, el avance de los derechos de gestación subrogada para las parejas homosexuales y algo de transporte público en Shabat (que es bueno para los creyentes que lo necesitan a fin de llegar a los servicios de su congregación en este día).

Los laboristas apoyan la solución de dos Estados y la creación de un Estado palestino independiente y desmilitarizado, al tiempo que apoyan a Israel como Estado judío y democrático.

Meretz: de izquierda. Quiere un acuerdo de paz con los palestinos y la paz con los árabes; Jerusalén será dos capitales: para Israel y para los palestinos; apoya activamente al colectivo LGBTQ y es tolerante con los judíos mesiánicos. (¡Qué mezcla!).

Raam: el líder es Mansour Abbas, que hizo historia al ser el primer partido árabe en unirse a una coalición de gobierno el año pasado. Fue capaz de trabajar con los partidos judíos cuando dijo: «¡Reconozco a Israel como Estado judío!». Lo cual es aún más sorprendente porque es un árabe religioso de la Hermandad Musulmana. Debido a sus creencias religiosas, impidió que los partidos liberales de la reciente coalición impulsaran programas LGBTQ, por respeto a los valores conservadores del Islam. Se negó a cooperar con la coalición hasta que Israel dejara de intentar desplazar a los ocupantes ilegales beduinos de los terrenos públicos del sur. Como árabe, no se opondría a los judíos mesiánicos.

Partidos árabes que nunca han formado parte de una coalición de gobierno:

Balad, Hadash and Taal son tres partidos que a veces se unen para superar el mínimo del 3,25 % y luego se separan una vez que son elegidos. Sus votos provienen principalmente de árabes seculares y de clase media junto con votantes judíos de extrema izquierda. Debido a que apoyan el «regreso» de millones de árabes palestinos al propio Israel, así como la formación de un Estado palestino y la negativa a reconocer a nuestra nación como Estado judío, ningún partido de centro o de derecha los consideraría siquiera para una coalición.

Posibilidades y rumores

Los israelíes acuden a las urnas por quinta vez desde 2019, escépticos pero con la esperanza de que se resuelva el actual atasco. Técnicamente hablando, la Knéset no ha completado una legislatura de cuatro años desde 1996. Sin embargo, el problema no hace más que empeorar, ya que las últimas cuatro elecciones no han ofrecido más que una coalición débil y efímera, en el mejor de los casos.

Existe una posibilidad muy real de que nadie sea capaz de formar un nuevo gobierno esta vez. Si es así, nos prepararemos para unas sextas elecciones que costarán millones de shekels, sin ninguna garantía de éxito.

Se rumorea que si estos comicios no conducen a un gobierno, los miembros del Likud probablemente se verán obligados a destituir a Netanyahu, ya que se cree de forma generalizada que con él fuera del partido Likud, los miembros de la Knéset no tardarían en formar un gobierno. Noviembre es el momento crucial de las negociaciones de la coalición, y las oraciones de las mujeres y los hombres justos prometen servir de mucho. ¡Es hora de ORAR para que Dios disponga de un gobierno en Israel para Su gloria!

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