Boletín de Maoz Israel agosto 2022

La boda en Jerusalén

Cómo empezó todo - Parte 16

Desde muy joven, Jonathan se destacó como un brillante y carismático prodigio de talento. Empezó a componer música clásica de pequeño, y de adolescente recibió numerosas invitaciones para tocar su flauta ante los primeros ministros, el presidente y los miembros de la Kneset de Israel. A los catorce años, ya estaba componiendo una ópera; y a los quince, ya había sido director invitado en ocho orquestas israelíes.


Shira Sorko-Ram
Por Shira Sorko-Ram
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Jonathan vio por primera vez a Rachel (no son sus nombres reales) en un picnic de primavera durante Shavuot (Fiesta de las Semanas) en 2001. Fue un momento de ojos brillosos y cantos de pájaros, y tal vez hasta de un coro de ángeles. Luego, el momento estelar se detuvo cuando Rachel levantó a un bebé para abrazarlo.

«No es de ella», le aseguró un amigo suyo cuando le preguntó por la chica. Intrigado, Jonathan decidió presentarse tan solo para decepcionarse de nuevo al saber que Rachel volvería a Canadá en dos días. Sin embargo, ella le confirmó que pensaba regresar, y eso fue suficiente garantía para Jonathan. Él no malgastaría este tiempo de separación; lo aprovecharía como una oportunidad para convertirse en el hombre más romántico que ella conocería en su vida.

No pasó mucho tiempo. A los pocos meses, Rachel había vuelto. Jonathan se reunió con ella un total de siete veces hasta que decidió que era el momento de pedir su mano en matrimonio. Se comprometieron durante Sucot (la Fiesta de los Tabernáculos) y fijaron la fecha de su boda unos días antes de la Pascua.

La primavera de 2002 no tardó en llegar, y Jonathan estaba lleno de ilusión, aunque el propio país se encontraba inmerso en cuatro años de atentados y ataques suicidas que se cobraron más de mil vidas israelíes. Fue una época difícil para todos, ya que los israelíes estaban decididos a ser precavidos y a la vez no permitir que las amenazas aplastaran su espíritu o cambiaran su forma de vida.

Los creyentes israelíes estaban extraordinariamente tranquilos durante esa época, pero había preocupaciones. Los atentados podían producirse en cualquier lugar y, dada la naturaleza de las bombas, llenas de clavos y otros objetos afilados, incluso sobrevivir a un atentado no siempre significaba que tu vida volviera a ser la misma. Sin embargo, los creyentes no le temían a la muerte, y los informes de creyentes que abandonaban una zona unos instantes antes de que explotara una bomba no eran algo inédito. El enfoque que teníamos entonces era que no seríamos temerarios, pero si necesitábamos ir a algún sitio, oraríamos e iríamos con confianza.

El romanticismo

Desde muy joven, Jonathan se destacó como un brillante y carismático prodigio de talento. Empezó a componer música clásica de pequeño, y de adolescente recibió numerosas invitaciones para tocar su flauta ante los primeros ministros, el presidente y los miembros de la Kneset de Israel. A los catorce años, ya estaba componiendo una ópera; y a los quince, ya había sido director invitado en ocho orquestas israelíes.

Cuando se trata de romanticismo, Jonathan puede pertenecer al 1 % de los mejores. Diseñó todo para la boda: desde la decoración hasta la música y el programa. Cuando digo que lo diseñó todo, me refiero a que mandó a hacer la decoración a medida, produjo la música él mismo sincronizando cada nota con los pasos que daría la novia por la escalera y culminó la escena con luces y fuegos artificiales como en una película de Hollywood.  

Para su boda en primavera, eligió un restaurante en un precioso lugar con vista a Jerusalén desde el sur, en una colina —más alta que el monte de los Olivos— junto a un camino que ofrece vistas a toda Jerusalén, donde las élites del ejército británico solían reunirse antes de que naciera el Estado de Israel. Jonathan quería que la boda se celebrara allí, al aire libre.  

Como el lugar estaba bastante apartado, tuvo que conseguir un permiso especial de las autoridades de seguridad. Sin desanimarse, Jonathan consiguió el permiso del propietario, del ayuntamiento y de la policía. Sin duda, él y su familia son personas de profunda fe, pero también son prácticos, por lo que se contrataron ocho custodios armados profesionales para custodiar la boda.

Por supuesto, sus custodios priorizaban la seguridad por encima de todo. Para ellos, podía haber un terrorista detrás de cada piedra, en un buen día. Y con sesenta atentados en el último año y medio, no eran días buenos. El jefe de los custodios insistió en que debía estar al lado de la novia cuando ella llegara al altar. Jonathan estaba consternado. Esto arruinaría la imagen perfecta que quería crear con la novia y el Monte del Templo detrás de ella al atardecer. El custodio fue insistente; precisamente porque el evento era una ocasión tan emocionalmente hermosa, podía ser un objetivo como un Bar Mitzvah unos días antes. Por fortuna, llegaron a un acuerdo que permitía que el custodio estuviera a unos pasos de distancia pero fuera de la lente del fotógrafo.

La escalera y la vista de Jerusalén desde el paseo marítimo

Planes y ajustes

En marzo, llegaron amigos y familiares desde Europa y América, listos para la boda. Trabajadores y voluntarios vinieron a ayudar a instalar el extenso toldo el día anterior para que la mañana de la boda hubiera tiempo de colgar todas las hermosas luces previstas. La decoración era tan llamativa que incluso los habitantes de las aldeas árabes cercanas se sentaron con prismáticos para ver cómo se instalaba.

Jonathan conducía por la otra punta de la ciudad cuando lo paró un grupo de policías que revisaba todos los automóviles en busca de terroristas. Cuando le pidieron su identificación, él se presentó como el novio que se dirigía al lugar de su futura boda. El policía respondió: «¡Ah, tú eres el que se casará en el paseo marítimo!». Jonathan se dio cuenta entonces de que el departamento de policía de Jerusalén había sido informado de su boda mientras buscaban terroristas por toda la ciudad.

Lo llamaban el «invierno sin lluvia», ya que la temporada de lluvias había sido una de las más secas que se recuerdan. Si bien eso no fue bueno para llenar el mar de Galilea (la principal fuente de agua de Israel), hizo que el clima primaveral fuera estupendo.

No fue hasta el martes, dos días antes de la boda, que el novio sintió la primera corazonada de que las cosas podrían no salir como las había planeado con tanto esmero. El meteorólogo hizo un pronóstico sorpresa: «Por fin llega el invierno, pero solo por un día. Parece que la lluvia llegará el jueves». Jonathan se sintió decepcionado, pero no se desanimó. Encontró una lona especial que podía cubrir el hermoso toldo que había diseñado y que mantendría secos a sus invitados.

El miércoles por la mañana estaba precioso cuando empezaron a preparar la boda. Sin embargo, a primera hora de la tarde, el pronosticador apareció con una noticia de última momento: «Mañana lloverá como estaba previsto, pero la tormenta comenzará esta noche con vientos inusualmente fuertes de más de 100 kilómetros por hora». Los amigos de Jonathan estaban dispuestos a quedarse toda la noche si era necesario con tal de resguardar los adornos.

El miércoles por la noche, al caer la oscuridad sobre la ciudad, el hermoso toldo tan cuidadosamente diseñado y especialmente cosido para cubrir a todos los invitados, comenzó a desprenderse de sus clavijas. A medianoche, la lluvia hizo acto de presencia. Al menos sesenta invitados, algunos de los cuales habían llegado en avión, estaban allí, trabajando con todas sus fuerzas bajo la lluvia, para sujetar el toldo. Lo ataron con cuerdas y alambre, pero a las cuatro de la mañana se rindieron. Llamaron a Jonathan y le dijeron: «Es inútil. El toldo ya no está». Algunos de los voluntarios se habían ido a casa a dormir unas horas y volvieron para recuperar las herramientas que habían utilizado en la confección del toldo. Sin embargo, las habían robado.

Mientras Jonathan y Rachel veían cómo sus planes se desmoronaban, literalmente, mantuvieron la calma. «Dios, tú sabías la fecha de nuestra boda. No ha habido ni una gota de lluvia en todo el invierno, y desde luego ninguna tormenta así durante todos estos tres meses… No lo entendemos, pero confiamos en que eres bueno».

Uno de los voluntarios me dijo más tarde que cuando el viento empezó a soplar, algunos sugirieron que increparan al viento y le ordenaran que se detuviera. No obstante, dijo que el Señor le habló a su corazón y le comunicó: «Hay más de una manera de detener el viento. También se puede detener si se cambia el lugar de la boda».

Ya era mediodía, el día de la boda, y no tenían ni idea de dónde podrían celebrarla.

el nuevo recinto preparado en cuestión de horas

¡En busca de un nuevo lugar!

Más allá de la cuestión de la poca antelación (¡solo horas!), todos los hoteles y salones de eventos ya habían hecho sus instalaciones kósher para el próximo Séder de Pascua y no aceptarían ninguna boda a esa hora tardía. «¿Qué hay sobre el Centro de Convenciones de Jerusalén?», preguntó de repente la madre de Jonathan, ya que allí disponían de varias salas para reuniones de conferencias de todos los tamaños. ¡El Centro de Convenciones respondió que sí!

Mientras yo (Shira) oraba en mi casa de Tel Aviv, recibí una llamada a mediados del jueves por la mañana para decirme que había habido un cambio en los planes de la boda. La celebración comenzaría en seis horas, y estaban en pleno proceso de empezar de cero los preparativos del salón. Dos camiones llenos de iluminación exterior y un generador se dirigieron al paseo marítimo para encontrarse con la decoración de la boda destrozada.  Los camiones se apresuraron a volver a Tel Aviv en busca de luces de interior para decorar el nuevo salón.

Ari y yo habíamos sido invitados a la boda porque éramos muy amigos de la pareja desde que emigraron a Israel, y Jonathan era como un hijo para Ari. Así que, en los días previos a la boda, estuve orando sin parar. Como ya he dicho, nunca nos privamos de ir a los lugares que necesitábamos, pero también nos preparamos en oración con antelación. Ahora, con cuatro ataques terroristas suicidas en los últimos siete días, y un atentado cada pocos días en Jerusalén, quería que la boda estuviera presente en nuestras oraciones.

Había orado durante días, pero el jueves por la mañana, el día de la boda, mi espíritu estaba algo intranquilo, por lo que decidí cancelar mis citas de la mañana. Quería saber que había tocado el cielo antes de conducir hasta Jerusalén. Sabía que la mayoría de los asistentes serían creyentes que orarían. Estarían allí de trescientas a cuatrocientas personas, pero yo quería la afirmación del Espíritu Santo en mi propio espíritu.

El momento en que ocurrió

La lluvia no dejó de caer durante toda la mañana y el viento seguía soplando. Con el clima lúgubre y la constante amenaza del terrorismo en el aire, Jerusalén tenía un aspecto oscuro y perturbador. Las calles estaban absolutamente vacías, con apenas un solitario peatón aquí y allá. De repente, se produjo una terrible explosión.

Las noticias informaron que a las 4:20 p. m., otro terrorista suicida se había detonado en el centro de Jerusalén, en la calle King George. La novia de Jonathan oyó la explosión desde el salón de belleza del centro. Tres personas que cruzaban la calle murieron al instante. 

Nos enteramos de la noticia, pero a las cinco de la tarde me subí a mi coche, busqué a Hannah, una amiga de la familia de Jonathan, y nos dirigimos juntas a Jerusalén. Hannah, que no era creyente, llevaba días aterrorizada por esta boda. Antes de partir, oré con Hannah pidiendo la protección de Dios y conduje hacia Jerusalén con la certeza de que todo saldría bien. Lo sabía en mi espíritu, y estaba agradecida por la oportunidad única de presentar un testimonio audaz a una israelí aterrorizada durante esta temporada.

La boda 

La boda fue preciosa. La hermosa música (editada a último momento para que coincidiera con el nuevo lugar de celebración), la decoración, el ambiente… nunca había experimentado nada parecido. Recuerdo que pensé que era comparable a cualquier cosa que pudiera producir Hollywood. Los platos gourmet, las luces, los efectos de sonido e incluso los fuegos artificiales (fuera de las ventanas). La impresionante experiencia tuvo lugar, por supuesto, bajo la atenta mirada de ocho custodios armados, uno de ellos con una ametralladora.

¡La boda se coronó con la pasión del primer beso de Jonathan y su novia! Fue electrizante cuando los invitados miraron asombrados y luego estallaron en aplausos.

Información privilegiada

Mientras disfrutábamos de la deliciosa comida, se nos acercó un joven de la policía. Lo conocíamos desde que nació, ya que provenía de una familia mesiánica que asistía a nuestra congregación en los primeros tiempos. Ahora estaba haciendo su servicio militar en la policía de Jerusalén y había recibido varias condecoraciones por su excelencia en el cumplimiento del deber.

—¿Conoces al terrorista suicida que se inmoló esta tarde en el centro?   —dijo.

—Sí   —respondí. 

—Bueno. Lo estuvimos buscando toda la mañana. Arafat lo había detenido después de que la seguridad israelí le informara a la Autoridad Palestina que el sospechoso estaba planeando un atentado suicida en Israel. Entonces, Arafat lo trasladó a una cárcel de Ramallah, pero en el camino —¿adivinen qué?— el terrorista se escapó de los hombres de Arafat 

Al día siguiente, los periódicos confirmaron esta historia.

Mi amigo policía continuó: 

—Lo buscamos toda la mañana en la zona residencial de Talpiot, en Jerusalén, cerca del paseo marítimo, pero no pudimos encontrarlo…   —comentó.

Lo interrumpí:

—¿El paseo marítimo, en donde se suponía que sería la boda?  —pregunté lo obvio—. ¿Crees que el terrorista podría haber estado esperando para atacar la boda?

—Posiblemente  —dijo mi amigo, poco dramático.

—¿Pero cómo sabría un terrorista que se celebraría una boda en el restaurante del paseo marítimo?   —pregunté.

—Fácil. La sucá y todos los adornos del exterior se habían colocado el día anterior, y el pueblo árabe del otro lado del valle lo habría visto todo   —dijo.

—Así que piensas que tal vez el terrorista se escondió esperando a que llegara la noche… pero cuando vio que el viento había derribado la lona y los adornos, y nadie vino a reparar los daños en toda la tarde, finalmente decidió que la boda se había suspendido y tomó el autobús hacia el centro  —pregunté.

—Lo que sí sabemos es que hoy, a media tarde, el terrorista subió al autobús 19 en la parada del paseo marítimo junto al restaurante y se hizo explotar en el centro poco después   —dijo.

Sabemos que los caminos de Dios son más altos que los nuestros. He oído de creyentes que se salvaron de actos terroristas porque accidentalmente se quedaron dormidos o porque de repente sintieron náuseas y se bajaron del autobús una parada antes de que explotara.

Dios promete ser nuestro escudo en tiempos de dificultad. A veces envía a sus ángeles para que nos protejan en medio del peligro, y otras veces derriba nuestra tienda y nos traslada a otro lugar seguro. Y aunque hay ocasiones que como creyentes sufrimos tragedias importantes, un ataque a esta boda podría haber acabado con el núcleo incipiente —los primeros frutos— del Cuerpo del Mesías en Israel en aquel momento. Las historias de cómo Dios protegió nuestras vidas en nuestras décadas en Israel son numerosas. Esta boda fue solo un ejemplo. Así era la vida como parte de los judíos mesiánicos pioneros de Israel.

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