Valentina con su madre
Boletín de Maoz Israel marzo 2022

Historias desde Ucrania

Valentina

El día que se fue el último de mis amigos lloré desconsoladamente todo el día. Sabía que no podía irme. Mi madre es discapacitada y no había forma de sacarla. Cuando salí a buscar comida para mi madre y mi hijo, tuve que aprender a conducir junto a los tanques si pretendía llegar a la tienda de víveres.


Shani Ferguson
Por Shani Ferguson
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Mi cumpleaños es el 23 de febrero, así que esa noche mis amigos me organizaron una fiesta y nos divertimos mucho. Nunca me imaginé que a la mañana siguiente me despertaría con el sonido de las bombas. A pesar de los ataques, me preparé y fui a trabajar ese día, ya que tenía varias citas importantes. Sin embargo, los ataques no hicieron más que aumentar y me di cuenta de que debía encontrar un lugar seguro donde esconderme.

Resulta que mi apartamento era el lugar más seguro de todas las casas de mis amigos, de modo que durante varios días tuvimos a diez personas y un perro tumbados en colchones en mi salón y en el pasillo. Por desgracia, a los pocos días nos percatamos de que la guerra no iba a parar pronto y, uno a uno, mis amigos reunieron a sus familiares y huyeron del país.

El día que se fue el último de mis amigos lloré desconsoladamente todo el día. Sabía que no podía irme. Mi madre es discapacitada y no había forma de sacarla. Cuando salí a buscar comida para mi madre y mi hijo, tuve que aprender a conducir junto a los tanques si pretendía llegar a la tienda de víveres. Varias veces tuvimos que huir de la tienda debido a los ataques aéreos. Sentí una gran preocupación por todos los que me rodeaban, que no conocían a Dios y no tenían a quién recurrir para aliviar su miedo y su dolor. Yo, en cambio, podía confiar en que el Señor me protegería, y estaba agradecida porque en la lucha era capaz de ser una luz para mis seres cercanos.

Ahora, hay un grupo de vecinos que nos ofrecemos como voluntarios para conducir y repartir artículos a las personas que no pueden salir por su cuenta. Juntamos el dinero que podemos encontrar y repartimos comida y otros artículos para los ancianos y los discapacitados. Sé que conducir es peligroso, pero es mi elección. Puede que no sea una soldada, pero soy una luchadora, y formaré parte de nuestra gran victoria.

algunas de las personas a las que Valentina entrega alimentos y suministros

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