Alona y Roma el día que llegaron a Israel después de viajar durante una semana
Boletín de Maoz Israel marzo 2022

Historias desde Ucrania

Alona

El enorme número de bombas, heridos y víctimas mortales aumenta con cada ataque, pero nada hace que las cifras y los fríos datos cobren más vida que las historias reales de quienes viven esta atrocidad.


Shani Ferguson
Por Shani Ferguson
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Por primera vez en dos años, un suceso mundial ha desplazado a las noticias sobre la pandemia. Una potencia mundial ha tomado acciones militares contra otra nación con la intención de conquistarla, y todos están pendientes de qué hará el resto del mundo al respecto. El enorme número de bombas, heridos y víctimas mortales aumenta con cada ataque, pero nada hace que las cifras y los fríos datos cobren más vida que las historias reales de quienes viven esta atrocidad.

En el artículo que acompaña esta edición, podrás encontrar algunos antecedentes históricos del conflicto. Sin embargo, dado que varios de nuestros integrantes de Maoz Israel tienen amigos y familiares en las zonas afectadas, hemos querido compartir contigo algunas de sus historias en primera persona.

Si estás familiarizado con el trabajo de Maoz desde hace más de dos años, seguramente habrás disfrutado de algunas de las hermosas imágenes que capturamos de las personas a las que hemos podido servir en diversos proyectos. Esas imágenes las tomó Yoni, quien emigró a Israel desde Ucrania. Desde entonces, él se cambió a otro sector de trabajo, pero sigue en permanente comunicación con los miembros de nuestro equipo.

Su hermana mayor, Alona, fue la primera en mudarse a Israel años antes de que Yoni tuviera la edad suficiente para hacerlo por sí mismo. De vez en cuando, ella volvía a visitar a amigos y a familiares en Ucrania, y en una de esas visitas se enamoró de un joven llamado Roma. La pareja terminó casándose y comenzaron a formar una familia en Israel. Sin embargo, el Estado judío no es un lugar fácil para criar a una familia joven, especialmente si hablamos de creyentes.

Cuando los padres de Alona se enteraron de las dificultades que la pareja atravesaba, les ofrecieron la oportunidad de volver a Ucrania, vivir en su casa y rodearse de una comunidad creyente. Tenían un negocio en línea que podían administrar desde cualquier lugar, y sus ingresos llegarían más lejos en la economía ucraniana. Y así, en 2019, con la esperanza de poder mantener a su familia y criar a sus hijos en una buena escuela creyente, decidieron volver a mudarse a Ucrania.

Incluso pese a las dificultades de la pandemia, su negocio floreció. Encontraron mucha fuerza en la comunidad creyente que los rodeaba, abrieron una pequeña tienda para vender sus productos y les sobraba suficiente dinero para enviar a sus hijos a actividades extraescolares. Esa hermosa vida se detuvo abruptamente el día en que se despertaron con el sonido de un trueno lejano.

Alona dijo:

Nadie creía realmente que Rusia fuera a invadir, pero el 24 de febrero, cuando a las cinco de la mañana oímos explosiones a lo lejos, supimos exactamente lo que significaba. Rusia había invadido. Los niños estaban asustados, pero los estruendos estaban a una distancia considerable, así que encendimos las noticias para tratar de conocer todos los detalles posibles de la situación respecto a dónde estaban las zonas peligrosas. Solo tardamos unas horas en darnos cuenta de que teníamos que irnos, y de que probablemente estaríamos fuera durante al menos un año. Nos llevó otro par de horas empacar lo que podíamos meter en unas pocas maletas ya que éramos conscientes de que tal vez nunca volveríamos a ver este hogar.

En total, pasamos una semana en la carretera con nuestros cuatro hijos. Cruzamos a Moldavia y finalmente a Rumania, donde compramos los pasajes a Israel. Cuando llegamos a Tel Aviv, IStandwithIsrael, de Maoz, ya tenía listos los fondos para que compráramos comida y ropa para los niños, e incluso consiguió que The Joseph Project nos diera unos buenos colchones que pudimos colocar en el suelo del apartamento de una sola habitación de Yoni, donde nos hemos alojado. Ahora comenzamos el proceso de encontrar un lugar más permanente para vivir, luego inscribiremos a los niños en nuevas escuelas y buscaremos trabajo. La incertidumbre de no saber cuánto tiempo estaremos aquí hace todo muy difícil: ¿un año? ¿Tres años? ¿Nos quedamos? Sin embargo, por el momento, se trata de vivir un día a la vez.

Al llegar a Israel, Roma intentó ponerse en contacto con su familia en Ucrania. Durante tres días no supo nada de su hermana Tatyana, el esposo Misha (nombre falso) y los dos hijos de la pareja. Resulta que la familia se había escondido en el sótano de su casa y no tenía ni agua, ni electricidad, ni cobertura de telefonía móvil.  Al darse cuenta de que tenían que encontrar una manera de huir de su pueblo, Misha salió a buscar ayuda. Necesitaba a alguien con un vehículo que pudiera llevarlos fuera de la zona de peligro. Cayó la noche, y él no regresó. Tres días después, Tatyana recibió la noticia de que alguien que lo conocía lo había encontrado. No llegó a ver su cuerpo, pero le trajeron su ropa para que la identificara.

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