El Centro Maoz en Ramat Hasharon donde nació Tiferet Yeshua
Boletín de Maoz Israel

El nacimiento de Tiferet Yeshua – Cómo empezó todo – Parte 10

Mientras nuestra nación celebraba este momento histórico, nuestro pequeño grupo de creyentes se reunía a pocos kilómetros al norte de Tel Aviv para celebrar todos juntos nuestro primer servicio. La llamamos Congregación HaSharon ya que vivíamos en la llanura de Sharon, cerca del mar Mediterráneo. Con el tiempo, como nuestra casa nos quedó pequeña, trasladamos el lugar de reunión a Tel Aviv y le cambiamos el nombre por el de Tiferet Yeshua (La Gloria de Yeshúa).


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En la víspera del Año Nuevo israelí 5756, conocido en la Biblia como la Fiesta de las Trompetas, el Estado judío declaró un año entero[1]Oficialmente, la celebración duró dieciséis meses: el año hebreo 5756 fue de septiembre a septiembre, y 1996 duró de enero a diciembre. de festejos por el aniversario de la coronación del rey David cuando marchó a Jerusalén y la declaró capital de Israel.[2]David, hijo de Jesé, había sido ungido siete años antes en Hebrón, pero ahora era coronado rey de Jerusalén y de las doce tribus de Israel.

Los arqueólogos y los rabinos de Israel llegaron a la conclusión de que Jerusalén se convirtió en la capital de Israel en el año 1004 a. C. Por lo tanto, el año 1996 d. C. del calendario gregoriano marcaba el aniversario número 3000 de Jerusalén como la capital del Reino de Israel.

Aún más asombroso para los judíos mesiánicos, según el calendario gregoriano, este sería también el aniversario número 2000 del nacimiento de Yeshúa.[3]Aunque este cálculo podría estar desfasado uno o dos años, para nosotros fue un año razonable para celebrar el segundo cumpleaños milenario de Yeshúa. Muchos expertos coinciden en que Yeshúa el Mesías nació en el año 4 a. C. porque Herodes el Grande (quien mató a los niños en Belén) murió en el año 4 a. C. Por eso, ¡el año 1996 también anunciaba el aniversario número 2000 de Yeshúa!

Ari y yo veníamos debatiendo la idea de que Dios quería que fundáramos una congregación, de nuevo. Hablamos acerca de lo que sentíamos con nuestros compañeros de ministerio, Arni y Yonit Klein, y ellos se sumaron al proyecto.

Así que, mientras nuestra nación celebraba este momento histórico, nuestro pequeño grupo de creyentes se reunía a pocos kilómetros al norte de Tel Aviv para celebrar todos juntos nuestro primer servicio. La llamamos Congregación HaSharon ya que vivíamos en la llanura de Sharon, cerca del mar Mediterráneo. Con el tiempo, como nuestra casa nos quedó pequeña, trasladamos el lugar de reunión a Tel Aviv y le cambiamos el nombre por el de Tiferet Yeshua (La Gloria de Yeshúa).

Israel festeja solo

Tuvimos la suerte de asistir a la celebración inaugural de Israel, un espectáculo de luz y sonido sin precedentes que dio inicio al aniversario 3000. Durante los siguientes meses, se organizaron más de cien convenciones, entre ellas varios actos cristianos.

Sin embargo, Israel lo celebraba solo. Como en un espeluznante ensayo del día en que algunas de las naciones no subirán a Jerusalén a celebrar la Fiesta de Sucot (Tabernáculos),[4]Zacarías 14:17 las naciones en 1996 estaban boicoteando estos festejos en honor a su Rey que, más que ningún otro hombre que haya vivido, simbolizaba al Mesías por venir. El rey David, que nació en Belén y fue coronado rey de Israel en Jerusalén, recibió la promesa de que su descendencia un día gobernaría el mundo para siempre.[5]2 Samuel 7:16, Miqueas 5:2, Isaías 9:6-7, Salmos 2:7-8

Los medios de comunicación israelíes señalaron que ningún jefe de Estado asistió a la gala de inauguración. De hecho, ninguno de los embajadores europeos se presentó, así como tampoco lo hizo el embajador estadounidense. La razón aducida fue que centrarse únicamente en la historia judía de la ciudad era inapropiado.

De forma extraña, y por desgracia, los festejos iniciales de la vida y el reinado del rey David constituyeron para el mundo un desagradable recordatorio de que existe un Dios que sigue reclamando la soberanía sobre los asuntos de esta Tierra; que Él pudiera tener su propio plan para esta ciudad dejó a las naciones un poco intranquilas.

Proféticamente, sentimos que ese iba a ser un año crucial en el que se tomarían decisiones nacionales de vida o muerte.

La decisión de Yitzhak Rabin de dividir Israel

A la par de las celebraciones nacionales, justo antes de la puesta de sol de ese Rosh Hashaná (Año Nuevo), el primer ministro Rabin firmó con Yasser Arafat el acuerdo de Oslo II, y así puso en marcha la cuenta regresiva para comenzar a crear una Autoridad Palestina en Judea y Samaria que, a su vez, se convertiría en un Estado islámico. Las fronteras de Israel llegarían hasta el límite del área metropolitana de Tel Aviv, lo que dejaría al país con apenas unos catorce kilómetros de ancho en algunas zonas. Sintiéndonos completamente desanimados, leímos que el primer ministro declaró: «El título de propiedad de la tierra de Israel no es la Biblia».

Además, tras ratificarse el acuerdo, Rabin liberó inmediatamente a mil terroristas: entre seiscientos y setecientos de ellos eran asesinos convictos. Él planeaba liberar cinco veces más en los próximos dos años. Por supuesto, a esto le seguiría una nueva ola de ataques terroristas.

En el Boletín Maoz Israel de septiembre de 1995, escribí:

Esta situación está sacudiendo los cimientos de Israel. La gente está a la espera del próximo autobús bomba. Todo el mundo busca una respuesta real al tumulto y al estrago en la tierra. Sin embargo, nadie tiene una respuesta; nadie puede tenerla, excepto los nacidos de nuevo, llenos del Espíritu, audaces creyentes en el Mesías.

El 19 de octubre de 1994, 22 israelíes fueron asesinados y 104 resultaron heridos en un atentado suicida. Este fue solo uno de los muchos atentados terroristas que ocurrieron luego de que Israel firmara con Yasser Arafat los Acuerdos de Oslo.

La vida continúa: la nueva congregación echa raíces

Es notable cómo los ciudadanos israelíes siguieron viviendo de forma un tanto rutinaria en medio de la incertidumbre y los continuos ataques terroristas en nuestro país. Lo que sí, es cierto que, como los atentados contra los autobuses eran una posibilidad, no nos gustaba demasiado detenernos en un semáforo en rojo con un autobús en el carril de al lado. No obstante, Dios nos había llamado a fundar una congregación para un momento como este. Y los nuevos creyentes jóvenes, y los que estaban interesados pero aún no comprometidos, necesitaban que se les prestara mucha atención. Por desgracia, no había muchos otros creyentes alrededor que sirvieran de modelos a seguir.

Los sábados no había autobuses, por lo que Ari viajaba durante varias horas para buscar a los miembros de nuestro grupo a 30, 50 o hasta 60 kilómetros de distancia. Salía temprano por la mañana, predicaba un sermón, pasaba un par de horas con los asistentes y los miembros habituales, y solía llegar a casa alrededor de la medianoche, después de dejar a todos en sus respectivos hogares.

Cuando los israelíes pensaban en los seguidores de Yeshúa, de inmediato se les venía a la mente el frío sentimiento formal de las catedrales. Nosotros queríamos que experimentaran el seguir a Yeshúa como una parte de la vida común y corriente. Trabajar en nuestro centro Maoz, una casa grande, les daba a los nuevos buscadores la sensación de estar en su hogar. Eso hacía que la gente se sintiera cómoda. No solo esto, teníamos un patio trasero en el que, después de los servicios, organizábamos un almuerzo en el que cada participante aportaba alguna comida o bebida, ¡mientras se producían interminables conversaciones entre nuestros nuevos creyentes cuando les explicaban las Buenas Nuevas a los nuevos buscadores! Muchos nos han dicho que esos años en el centro Maoz fueron cruciales para su propio renacimiento y crecimiento en una relación con Yeshúa, nuestro Mesías.

Además, teníamos el mar Mediterráneo a 15 minutos de distancia. Allí llevábamos a nuestros nuevos creyentes para que fueran sumergidos, una forma simbólica de entierro, y luego resucitaran con Yeshúa. Una y otra vez nos encontramos dirigiéndonos a esa playa con ellos.

El miedo se apodera de nuestra nación

Mientras los atentados terroristas de todo tipo se multiplicaban, las condiciones de los acuerdos de Oslo II pesaban en la conciencia israelí. El primer ministro Yitzhak Rabin y Yasser Arafat acordaron que los palestinos tendrían nueve mil policías. Sin dudarlo, Arafat reunió en un abrir y cerrar de ojos una fuerza de treinta mil hombres armados; la mayoría de sus oficiales eran antiguos jefes terroristas. Se rumoreaba que su objetivo era transformar su «fuerza policial» en un ejército palestino bien equipado de más de cincuenta mil hombres.

Los editores de The Jerusalem Post lo resumieron así:

Por primera vez, habrá un gran ejército de la OLP en las afueras de los principales centros poblacionales de Israel y tendrá el control de zonas estratégicas que dominan el centro del país. Esperar que un acuerdo de este tipo traiga otra cosa que no sea disturbios, terrorismo y, en última instancia, guerra, es vivir en un mundo de fantasía.[6]J.P. 27 de septiembre de 1995

Algo a cambio de nada

¿Qué recibía Israel a cambio? Que Arafat reconociera el derecho de Israel a existir y que dejara el terrorismo en el territorio controlado por la OLP. Eran las mismas promesas incumplidas que había hecho en Oslo I mientras seguía dirigiendo los ataques terroristas que mataron a cientos de civiles israelíes.

La pregunta que muchos se hacían era: ¿por qué Rabin y Shimon Peres (cocreador de Oslo II) regalan la herencia de Israel a cambio de nada? Charles Krauthammer, el conocido periodista judío conservador estadounidense (y laico) de The Washington Post, fue capaz de llegar al corazón del asunto:

Incluso si crees firmemente que Israel debe renunciar a Cisjordania, ¿qué clase de estrategia de negociación absurda es entregarla ahora, pedazo a pedazo, a cambio de nada?

Cualquier novato en negociaciones les diría a los israelíes: «Detengan todo. Empiecen ya sus negociaciones sobre el estatus final. ¿Quieren Jerusalén? Reténganla, a cambio de, por ejemplo, renunciar a Cisjordania».

Sin embargo, si ya han renunciado a Cisjordania para cuando lleguen las negociaciones respecto a Jerusalén, lo único que tendrán para ofrecer sobre Jerusalén será la mitad de la ciudad, la mitad que reclaman los palestinos, la mitad tan sagrada y central para los judíos. ¿Y qué tendrán para ofrecer cuando los palestinos exijan el regreso de, digamos, dos millones de refugiados palestinos? ¿Una contraoferta de un millón?[7]6 de octubre de 1995

Hasta el senador estadounidense Jesse Helms y el congresista Benjamin Gilman intentaron «salvar a Israel de sí mismo». En ambas cámaras, propusieron limitar y restringir la ayuda estadounidense a la Autoridad Palestina a menos que Arafat cumpliera su palabra; increíblemente, Israel no hizo nada para impulsar esta propuesta.

Era sólo cuestión de tiempo antes de que Arafat exigiera la antigua ciudad de Jerusalén, incluido el Muro Occidental, el último vestigio del Templo de Salomón. Como dice la Biblia en Zacarías 12:3: «Y sucederá aquel día que haré de Jerusalén una piedra pesada para todos los pueblos […] y contra ella se congregarán todas las naciones de la Tierra».

La playa quedaba a tan solo 15 minutos del centro Maoz, así que solíamos llevar con frecuencia a los nuevos creyentes a sumergirse en el mar Mediterráneo.

El Cuerpo se subleva: oración de intercesión por la nación

En una muestra de unidad sin precedentes entre la pequeña comunidad mesiánica de Israel, dieciséis congregaciones se habían reunido recientemente cerca de las orillas del río Yarkon (cerca de Tel Aviv). Los eucaliptos que se alzaban sobre nosotros eran gigantescos y majestuosos, y nos brindaban sombra contra el calor todavía húmedo del aire mediterráneo.

Ya se había reunido una gran multitud de judíos mesiánicos, y los autobuses seguían parando y desembarcando a sus pasajeros: creyentes judíos sefardíes, asquenazíes y etíopes. Los entre seiscientos y setecientos adultos que vinieron iban en serio. Eliahu Ben Haim, de la organización Intercessors for Israel, un ministerio de oración de Jerusalén, hizo un llamado a las congregaciones para que se unieran en un tiempo de ayuno y humildad, a fin de implorar a Dios por los pecados de nuestro país.

Con nuestra congregación de apenas una semana de existencia, vinimos el día de Shabát durante los diez Días de Arrepentimiento, entre la Fiesta de las Trompetas y el Yom Kippur, el Día de la Expiación.[8]30 de septiembre de1995

De izquierda a derecha: El líder de la OLP Yasser Arafat, el presidente egipcio Hosni Mubarak, el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el ministro de Economía Shimon Peres.
Créditos: Alamy Stock Photos/Entertainment Pictures

Uno de los líderes mesiánicos de Jerusalén, Reuven Berger, hizo un llamado que se hizo eco de los reclamos de nuestros profetas de antaño:

Él engrandece o destruye las naciones, las hace prosperar o las dispersa. Priva de sensatez a los poderosos, y los hace vagar por desiertos sin sendero (Job 12:23-24)

Luego, adoramos y suplicamos al Señor Dios que tuviera misericordia de nuestros gobernantes, de nuestro pueblo y de nosotros mismos, el Cuerpo del Mesías. Si bien había varias posturas políticas representadas en la multitud, todos coincidían en que nuestro país, en su ateísmo, había perdido el rumbo. Habíamos venido a confesar nuestros pecados y los de nuestro pueblo, como había hecho el profeta Daniel.

Nuestro encuentro terminó con una oración corporativa para los equipos de evangelización que irían esa misma noche a un concierto de rock de heavy metal con el fin de dar testimonio a la gente que estaría en la fila de entradas. El resultado fue que muchos adolescentes le pidieron orar al equipo, y un joven incluso aceptó al Señor allí mismo. Los jóvenes estaban tan hambrientos de literatura que los equipos se quedaron sin todos los materiales impresos que habían llevado: Biblias, libros y folletos.

Uno de los miembros de nuestro equipo, que ha participado en muchas campañas de este tipo en todo el mundo, dijo: «A excepción de una reunión en Ucrania, nunca he visto a los adolescentes tan receptivos y deseosos de recibir el Evangelio».

Un sueño: el tren descarrilado

Sin embargo, a escala nacional, los planes de Rabin para dividir Israel continuaron. A mediados de octubre, mientras preparaba el Boletín Maoz Israel de noviembre, escribí que nunca antes había sentido tanta tristeza por el inevitable resultado de los Acuerdos de Oslo I y II. Después de reflexionar mucho sobre la dirección que tomaba nuestra nación, me fui a dormir y tuve un sueño.

Estábamos viendo un terrible accidente de tren: se había descarrilado. Los numerosos vagones de pasajeros yacían en diferentes ángulos, caídos de la vía. Fuimos a mirar dentro del tren y nos quedamos atónitos al ver que los vagones estaban llenos de soldados israelíes, todos encadenados a sus asientos. Cuando se produjo el accidente, no pudieron salir. Estaban muertos, y su carne despellejada. Sin embargo, de alguna manera, todavía se podían identificar sus rasgos sufridos y resignados.

Comencé a contar el número de filas de asientos. Había sesenta y seis asientos en cada vagón; en cada fila había seis asientos, tres a cada lado del pasillo. Empecé a llorar desconsoladamente, hasta que me desperté.

Dos semanas después, era el 4 de noviembre de 1995. A las 9:30 de la noche recibimos la noticia, le habían disparado al primer ministro Rabin. A las 11:02 de la noche se hizo el anuncio: Rabin había muerto.

Continuará en la edición de enero de 2022…

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