Ari y Shira comparten en la primera conferencia nacional de liderazgo
Boletín de Maoz Israel octubre 2021

Nunca digas nunca

Cómo empezó todo - Parte 9

Durante años, como nación, viviríamos el día a día, en modo de supervivencia. El jefe de la OLP, Yasser Arafat, instaba a sus terroristas suicidas y asesinos creativos, y nunca se sabía dónde iban a aparecer. Era un poco como el coronavirus de hoy: el peligro era invisible... hasta que atacaba.


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Israel atravesaba su infierno de la Primera Intifada, tristemente célebre por sus atentados suicidas y matanzas. El levantamiento islámico cobró protagonismo en 1987, y los israelíes nos sentimos como si estuviéramos a la sombra del Valle de la Muerte. Durante años, como nación, viviríamos el día a día, en modo de supervivencia. El jefe de la OLP, Yasser Arafat, instaba a sus terroristas suicidas y asesinos creativos, y nunca se sabía dónde iban a aparecer. Era un poco como el coronavirus de hoy: el peligro era invisible… hasta que atacaba.

Tan solo quince años antes, el gobierno israelí había firmado el Acuerdo de Jibril, que liberó a mil ciento cincuenta terroristas palestinos a cambio de tres soldados israelíes. Muchos de esos terroristas se convirtieron en el pilar de la conducción de esta Primera Intifada.

Por alguna razón incomprensible, la historia registra que la Primera Intifada duró siete años. La realidad para quienes la vivimos fue que los terroristas nos atacaron con bombas, cuchillos, coches y tractores durante unos 20 años. Sin embargo, en el transcurso de este primer período de siete años, doscientos treinta y tres civiles israelíes y sesenta soldados de las FDI murieron únicamente por causa de las bombas, mientras que mil cuatrocientos civiles israelíes y mil setecientos soldados resultaron heridos.

Eso era solo el comienzo. Arafat se había propuesto convertir la vida de los israelíes en algo intolerable. El terror podía golpear en cualquier lugar. La mayoría de la gente dejó de viajar en autobús, que era un medio bastante vulnerable. Llevábamos a nuestros hijos a todas partes; nuestra casa era el lugar más seguro donde podíamos estar.

Cuando Itzjak Rabin resultó electo primer ministro en 1992, en el punto álgido de la Primera Intifada, puso en marcha un plan para acabar con la violencia y crear un Estado palestino. Este consistía en hacer la paz con Yasser Arafat. El equipo de Rabin negoció en secreto con el líder egipcio, y Rabin firmó los infames Acuerdos de Oslo I de 1993. La violencia era tan feroz que incluso los israelíes que eran firmes sionistas empezaron a pensar que si dividir el país pondría fin a la violencia, tal vez valiera la pena.

No obstante, para el pequeño cuerpo de creyentes israelíes, este fue un momento muy difícil desde lo emocional. Los que creíamos en la Biblia sabíamos que Dios le había dado al pueblo judío este pequeño pedazo de tierra como un pacto eterno. Y ahora nuestro propio primer ministro estaba decidido a entregar «las montañas de Israel» para crear una nación islámica. De hecho, declaró que la Biblia no es el título de propiedad de Israel.

Al final, todo fue en vano. Los Acuerdos de Oslo eran puramente dar sin recibir nada a cambio. Poco a poco, se fueron evaporando, y seguimos sufriendo estos ataques hasta que nuestro gobierno, por fin, construyó un muro que separaba a las poblaciones palestinas de Israel en sí; aunque eso ocurriría mucho tiempo después.

El primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el líder de la OLP Yasser Arafat se dan la mano tras firmar en 1993 con el presidente Bill Clinton los primeros Acuerdos de Oslo. Shutterstock/Mark Reinstein

Encontrando nuestro lugar

En 1991, tras nuestra estadía de dos años en los Estados Unidos, comenzamos a viajar cada semana a una congregación distinta de Jerusalén con el fin de proseguir con nuestro plan de mudarnos a dicha zona (puedes leer la historia «La guerra, los inmigrantes y el centro de formación» en el Boletín Maoz Israel de abril de 2021). Sin embargo, cuando nos dimos cuenta de que nos quedaríamos en Ramat HaSharon, un suburbio de Tel Aviv, empezamos a buscar un lugar de adoración en la ciudad. Había varios grupos pioneros estupendos en nuestra zona, y finalmente elegimos una congregación religiosa en Jaffa, guiada por David Lazarus.

Había una fuerte presencia y libertad de culto. Los servicios se traducían a varios idiomas para dar acogida a los numerosos nuevos inmigrantes. David era también un entusiasta impulsor de nuestro llamado a evangelizar y enseñar. Arni y Yonit Klein habían emigrado recientemente a Israel y se habían convertido en nuestros colaboradores más cercanos. Juntos soñábamos y planeábamos formas creativas de llegar a las almas perdidas de Tel Aviv.

Líderes de todo el país disfrutan de la camaradería y de la formación de nuevas alianzas

Al servicio de nuestros pioneros mesiánicos

A pesar de nuestra constante preocupación por las almas perdidas, pudimos ver que había necesidades dentro de la comunidad mesiánica local. Conocíamos a muchos de los líderes y veíamos sus arduos esfuerzos por construir el Reino. Estábamos orando por oportunidades para servir al Cuerpo en Israel cuando una maravillosa sorpresa de California nos llegó del cielo. En 1994, un pastor visionario, Tom Barkey, se ofreció a dictar una conferencia de tres días en Israel. Nos pidió que invitáramos a todos los pastores y líderes del país junto con sus cónyuges a un encantador hotel en Herziliya, justo al norte de Tel Aviv, ¡con todos los gastos pagos!

¡Algunos de los líderes locales nunca habían pisado un hotel en su vida! Tom Barkey ministró desde su corazón a un centenar de líderes y sus respectivas esposas. La conferencia contó con una maravillosa representación de líderes de la comunidad cristiana árabe (este fue el comienzo de nuestros estrechos lazos con muchos pastores árabes).

Según los comentarios que recibimos, la conferencia fue un gran éxito. El hambre que vimos en los rostros de nuestros hermanos y hermanas israelíes nos hizo darnos cuenta de que los pioneros de Dios en Israel, y especialmente los líderes mesiánicos que solían luchar contra grandes obstáculos, tenían pocas oportunidades de recibir aliento y alimento espiritual.

Estos fieles líderes absorbieron, aprendieron y recibieron la Palabra, y tuvieron una maravillosa comunión. Eran de diferentes convicciones y perspectivas teológicas, y muchos hicieron nuevas y perdurables amistades gracias a este evento.

En las siguientes conferencias que organizamos, el pastor Jack Hayford, también de California, fue el orador principal dos años seguidos. Él se hizo cargo de la mitad de los gastos, y Maoz recaudó la mitad faltante. Después de la desgarradora pérdida de nuestra propia congregación mientras estábamos en Estados Unidos debido a la necesidad de educación especial de nuestro hijo, nos animó mucho ver la influencia unificadora que generaban estas conferencias.

Ayal Frieden interpreta el papel del «Buscador » en el evento de difusión de Tel Aviv

A Rusia, con cariño

En el otoño de 1994, fuimos invitados a Rusia, donde Jonathan Bernis estaba llevando a cabo conciertos masivos de difusión mesiánica con decenas de miles de judíos y no judíos que llegaban al Señor. Celebrando conciertos en muchas ciudades rusas, vio cómo al menos doscientos cincuenta mil personas respondían a las invitaciones para ponerse de pie públicamente y orar. De las tarjetas de seguimiento, el 50 % eran judíos o tenían al menos un abuelo judío. Jonathan comprendió que para mantener este increíble despertar, tenía que crear modelos de discipulado.

Su primera escuela bíblica se inauguró en San Petersburgo y tuvo una matrícula de ciento ocho alumnos (muchos de estos nuevos creyentes judíos tramitaron más tarde la aliyá a Israel y se convirtieron en líderes del movimiento mesiánico).

Jonathan nos invitó a enseñar en su flamante escuela bíblica. Pasamos una semana allí y volcamos en el alumnado todo lo que pudimos. Les enseñamos las verdades fundamentales de la Biblia, desde Abraham hasta Moisés y ¡Yeshúa el Mesías! Cuando mi madre (Freda Lindsay) se enteró de lo que estaba pasando, nos llamó para insistir en que nos mudáramos a Rusia por un tiempo y así ayudar a discipular al enorme número de nuevos creyentes que había surgido gracias a la masiva cosecha que se estaba dando allí.

Sección de las escaleras abarrotadas en Dizengoff, donde los israelíes permanecieron sentados y fascinados durante toda la presentación

La ciudad perdida de Tel Aviv

No obstante, nuestra pasión por las almas perdidas siempre hizo que nuestros corazones le preguntaran al Señor: «¿Cómo podemos llegar a las ovejas perdidas de Tel Aviv?». Cuando regresamos a Israel, empezamos a planear con nuestros colaboradores Arni y Yonit una presentación de música y teatro callejero. Nos propusimos realizar el mayor evento de difusión que sabíamos que éramos capaces de hacer: en la famosa plaza Dizengoff.

Llegó la primera noche. Montamos nuestro «escenario» en la acera. Altavoces, mezcladores, luces e instrumentos. El telón de fondo estaba colgado entre dos árboles. Los escalones delante de nosotros formaban un anfiteatro natural que conducía a una fuente. Los autobuses y los coches echaban humo y hacían sonar las bocinas. Alrededor de esta gran plaza urbana en el corazón de Tel Aviv, las pequeñas tiendas vendían y exhibían en sus mostradores falafel, pizza en pan árabe, batidos y shawarma de cordero. Al encender las luces del escenario, comenzó a agolparse una multitud.

Mientras tanto, a dos manzanas de distancia, en la librería mesiánica y centro de divulgación Dugit, de Avi Mizrachi, él y un grupo de voluntarios, listos para dar testimonio y compartir, se reunieron de 5 a 7 de la tarde para orar por el evento de difusión de aquella noche.

A las 7 de la tarde, el grupo llegó a la plaza, donde orarían hasta que se hiciera la hora de comenzar. Los intercesores habían venido de todas partes del país. A las 8 de la noche, nuestra banda comenzó a tocar, y en pocos minutos, las gradas estaban llenas. Incluso arriba, a lo largo de la barandilla, la gente se iba bien al fondo con tal de poder seguir viendo el «espectáculo»; no quedaba ni un hueco libre. De hecho, hubo personas que intentaron entrar a los empujones, pero sin éxito.

Cuando Arni empezó a tocar en el saxofón Who is like thee O Lord, el aire se electrizó. Nuestra banda improvisada para la ocasión tocó algunas canciones más. El líder pionero Eitan Shishkoff estaba en la batería y yo en el teclado. Con pañuelos y gorras de béisbol, no transmitíamos «religión». La multitud no sabía que estábamos ofreciendo esta música como adoración a nuestro Rey, pero les encantó.

Para nuestro último tema, Arni, con su voz al estilo Bob Dylan, cerró el estribillo final con (traducción del hebreo):

-Murieron en el desierto,
-Murieron en el exilio,
-Nosotros estamos muriendo en nuestro país,
-Nuestras almas están muriendo.

De inmediato, dio inicio la obra dramática con la actuación de Ayal Frieden, un líder mesiánico que también era bailarín profesional. Él representó la historia de un «buscador» que prueba todo lo que el mundo le ofrece antes de que, finalmente, a punto de rendirse por completo, se vuelca a Dios. Al final de la obra, dicho «buscador» levantaba un gran espejo ante el público, que incluía desde compradores cotidianos hasta drogadictos y borrachos, pasando por soldados, yuppies sin hogar e incluso sobrevivientes del Holocausto. Ari se levantó y habló de cómo Dios libera de la esclavitud a los desesperanzados.

Creyentes de todo el país vinieron a presenciar el evento y a ponerse a disposición para compartir el Pan de Vida con los hambrientos. Se sentaron entre la multitud y, una vez terminada la función, se pusieron a dialogar con las personas que estaban en las escaleras. La segunda noche invitamos a todos los interesados a ir a la cafetería Dugit, a un par de manzanas de distancia. Llegaron veinticinco israelíes junto a Avi Mizrachi a la espera de ubicar a las personas y darles material para leer. La tercera noche hubo una completa avalancha de gente que intentaba entrar en la cafetería. Durante las tres noches, más de trescientos ciudadanos de Tel Aviv vinieron a Dugit para escuchar un poco más sobre Yeshúa.

Todas las sillas y mesas (que sólo habían sido entregadas horas antes) se llenaron de personas hambrientas que hablaron de su propia angustia y escucharon las Buenas Nuevas sobre la sangre redentora de Yeshúa el Mesías. Entre ochocientas y novecientas personas permanecieron sentadas durante los treinta minutos del drama musical y del llamado al arrepentimiento, que explicaba cómo nuestro Mesías nos ayuda a regresar a Dios.

Más de una docena de pastores y líderes de Tel Aviv, Netanya, Haifa y Jerusalén participaron en la actividad. Este fue un punto de inflexión para nosotros. Además de los servicios de difusión que planificábamos nosotros mismos, colaboramos en los servicios de difusión de forma conjunta con otros miembros del Cuerpo en Israel. Lo que todos comprendimos, y se hizo dolorosamente evidente, es que no había suficientes obreros para recoger esta cosecha.

En octubre de 1994, seis meses después de nuestro primer evento de difusión, un terrorista suicida se inmoló en un autobús que pasaba por donde habíamos actuado, en la calle Dizengoff; murieron veintiún israelíes y un extranjero.

Sabíamos que necesitábamos de la ayuda divina si pretendíamos llevar a cabo actividades callejeras de difusión en este entorno tan peligroso. Así que, decidimos ayunar tres días al mes durante seis meses, a partir de diciembre de 1994. Llamamos a nuestros lectores de Maoz y a cualquier persona de nuestro país que quisiera unirse. Muchos escribieron para contarnos que orarían y ayunarían con nosotros.

Durante horas, la cafetería Dugit estuvo abarrotada de israelíes que hacían preguntas sobre la obra dramática que acababan de ver

Hora de tomar decisiones

En el mes de mayo de 1995, junto con siete congregaciones, realizamos dos presentaciones en Jerusalén, en circunstancias algo diferentes. El hecho de que pudiéramos llevarlas a cabo fue un gran milagro en la hostil Jerusalén, pero sabíamos que muchos de nuestros lectores habían estado ayunando y orando por nuestras conferencias y eventos de difusión.

La seguridad se estaba deteriorando en el país. Nunca se sabía dónde iba a producirse el siguiente ataque. En un Boletín Maoz Israel de 1994 escribí: «Los israelíes están cada vez más desesperados, más quebrantados y más predispuestos a volver a Dios; es el momento». Una gran unidad había comenzado a florecer a partir del tiempo que los líderes pasaron juntos en las conferencias de liderazgo. Ahora era el momento de que estas actividades callejeras de difusión dieran sus frutos.

En el verano, durante tres noches consecutivas, celebramos en el corazón de Tel Aviv otro evento de drama musical. Fue aún más efectivo que el año anterior. Sin embargo, no veíamos cómo se podía atender a todas estas personas interesadas, algunas realmente buscadoras. Era necesario que hubiera una congregación israelí totalmente en hebreo, que se centrara en llevar a los israelíes perdidos a la fe y que luego trabajara con ellos para que recibieran con firmeza la Palabra de Dios y estuvieran listos para multiplicarse. El problema era que nos habíamos prometido no volver a ser pastores de una congregación.

Ari y Shira recibieron como invitado a Jack Hayford en dos de sus conferencias nacionales de liderazgo

Ustedes son pioneros, ¡entonces sean los primeros!

Una noche, Ari y yo estábamos sentados en nuestro salón. Lo miré y le dije: «Ari, ¿alguna vez pensaste en formar otra congregación?». Él miró al frente y respondió: «Se me ha cruzado por la mente».

Hablamos con Paul Liberman, un amigo de varias décadas y miembro de la junta directiva de Maoz. Además de ser líder mesiánico de una congregación en Estados Unidos y más tarde en Israel, era un empresario y estratega de gran éxito.

Nos dijo:

Ustedes han sido pioneros en una serie de misiones del Señor. Por ejemplo, fueron los primeros en ayudar a muchos judíos mesiánicos a tramitar la aliyá, pese a que sabían que el gobierno estaba muy en contra de la inmigración de creyentes.

Reunieron a los líderes israelíes de todo el país para que se pusieran a las órdenes de ministros con mucha experiencia y sabiduría con el fin de escuchar a Dios. También trabajaron para fomentar la unidad entre nuestros líderes pioneros, repartidos por todo el país, y los ayudaron a conocerse.

Luego agregó:

Hoy en día, en Israel, hay congregaciones en idiomas como el ruso, el inglés, el etíope, el árabe e incluso el español. No obstante, hay muy pocas únicamente en hebreo.

Siempre han querido participar en destruir la barrera cultural israelí de que los judíos que creen en Yeshúa son un fenómeno occidental completamente foráneo. Y sé que su mayor pasión siempre ha sido llegar a los israelíes Sabra (nativos). Entonces, su misión debe ser crear una congregación religiosa de habla hebrea, que practique los dones del Espíritu y que celebre las fiestas judías bíblicas para que cuando los nuevos creyentes y buscadores vengan a sus servicios, se sientan completamente en casa en cuanto al idioma y a la cultura.

El problema que todos se empeñaban en ignorar

Cuando Paul nos dijo estas palabras, supimos al instante que nos había dado una revelación; un golpe de realidad. Estábamos acostumbrados a hacer muchas cosas al mismo tiempo. Nuestros corazones pensaban continuamente en múltiples formas de ayudar a construir el reino de Dios en Israel, pero Paul iluminó con un rayo láser nuestro deseo más profundo: ¡enfocarnos en ese problema que todos se empeñaban en ignorar! Teníamos nuestras instrucciones y nuestra misión en el Reino.

Hablamos con los pastores de las congregaciones de la zona de Tel Aviv y les hicimos saber que sentíamos que íbamos a comenzar una nueva congregación «solo de habla hebrea» en Ramat HaSharon. Esta tendría un enfoque de evangelización y de formación de nuevos creyentes. Todos nos bendijeron y nos impulsaron a empezar.

Junto con nuestro pequeño equipo, Arni y Yonit, y otra creyente israelí, la farmacéutica Hannah, la Congregación Ramat Hasharon tendría su primera reunión el 24 de septiembre de 1995, la víspera de la Fiesta de las Trompetas, también conocida como el Año Nuevo israelí 5756. Esa congregación pasaría a llamarse Tiferet Yeshua (la Gloria de Yeshúa).

El día en que nació nuestra congregación, Arafat y el primer ministro israelí Rabin se reunieron en Egipto para firmar los Acuerdos de Oslo II, lo que consolidó por primera vez por escrito la intención israelí de crear un futuro Estado palestino. Los meses siguientes demostrarían rápidamente el error que supuso esa firma.

Continuará el próximo mes…

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