Los creyentes israelíes organizaron una protesta por los Beresford frente a la oficina del primer ministro. Ese mismo día, los activistas del grupo militante Hamás llevaron a cabo una protesta en un lado de la calle, mientras que del otro lado estaban los judíos religiosos que reclamaban que las mesetas del Golán siguieran siendo parte de Israel. Si bien los periodistas habían llegado para cubrir la controversia sobre la tierra, los creyentes israelíes se encontraron en medio de los dos bandos y, por ende, acabaron siendo noticia en todo el mundo, literalmente.
Maoz Israel Report mayo 2021

La segunda red clandestina de ingreso a Israel

Cómo empezó todo (Parte 5)

Esta resistencia dio origen a una suerte de «red clandestina de ingreso» a Israel que constaba de botes que desembarcan en plena noche cerca de las costas y de viajes por tierra a través de cordilleras o desiertos.


Shira Sorko-Ram
Por Shira Sorko-Ram
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A finales de la década de 1800, los judíos comenzaron a responder a la llamada de regresar a su tierra natal. Por desgracia, para muchos, el camino estuvo bloqueado: primero, por los turcos; y luego, por los británicos que gobernaban la tierra en aquel entonces. Esta resistencia dio origen a una suerte de «red clandestina de ingreso» a Israel que constaba de botes que desembarcan en plena noche cerca de las costas y de viajes por tierra a través de cordilleras o desiertos. Según la historia que se fue transmitiendo de generación en generación, la madre de Ari, que huía de la persecución en Rusia, estaba en uno de esos botes que fue rechazado. En cambio, terminaría rehaciendo su vida en los Estados Unidos. Aunque no vivió lo suficiente para verlo hecho realidad, Ari finalmente cumpliría el sueño de su madre de mudarse a la Tierra Prometida.

En un irónico déjà vu, cuando Israel declaró su independencia, fueron las autoridades rabínicas israelíes quienes se interpusieron en el camino de algunos judíos que intentaban volver a su patria.

En un principio, la Knéset aprobó una ley que establecía que cualquier persona que pudiera probar que tenía al menos un abuelo o una abuela de origen judío recibiría la ciudadanía israelí, dado que este era el parámetro estándar por el que Hitler identificaba a los judíos para llevarlos a los campos de concentración. En otras palabras, bastaba ser un 25 % judío para poder convertirse en ciudadano israelí. Sin embargo, un tiempo más tarde, ante la insistencia de los ultraortodoxos, se incorporó una enmienda a la ley: «y que no ha cambiado de forma voluntaria de religión».

Vale la pena aclarar, no obstante, que nadie había oído hablar de ningún judío que se hubiera convertido al confucianismo, hinduismo, budismo, panteísmo, New Age, humanismo ateo u ocultismo al que se le hubiera prohibido la entrada a Israel por causa de su religión. Esta norma iba dirigida exclusivamente a aquellos judíos que creían que Yeshúa era el Mesías judío. Se creó con el fin de mantener a los judíos mesiánicos fuera del país. Qué raro. Hitler no hacía ese tipo de distinción; un judío que creía en Yeshúa de todos modos hubiera sido enviado a las cámaras de gas.

La hostilidad contra el rabino judío, Yeshúa, fue el motivo por el que se originó la «red clandestina de ingreso» a finales de la década de 1900. Al no contar con tecnología moderna, nuestro proceso para ayudar a los creyentes judíos a realizar la aliyá era tedioso, pero hoy en día existen decenas de miles de israelíes que creen en Yeshúa como su Mesías. Muchos, si no la mayoría, son fruto de los primeros creyentes judíos que obtuvieron la ciudadanía y trabajaron para construir el Movimiento Mesiánico. Si se les pregunta de forma directa, los creyentes judíos jamás les mentirían a las autoridades rabínicas acerca de su fe, pero con un poco de capacitación, nosotros y algunos otros creyentes israelíes pudimos ayudarles a manejarse con sabiduría e integridad a través de los escollos del proceso de inmigración.

Ari y Shira Sorko-Ram en la década de 1980

Gary y Shirley

A mediados de la década de 1980, Gary y Shirley Beresford fueron dos de un número de creyentes judíos cada vez mayor que intentaron responder a la llamada de inmigrar a Israel. Nacidos y criados como judíos en ambos lados, se convirtieron en creyentes mientras vivían en Zimbabue al hacerse amigos de un hombre y su esposa, quienes eran los únicos creyentes judíos conocidos en todo el país por aquel entonces. Cuando la pareja se dedicó al estudio de la Biblia, descubrió que en los últimos días, el pueblo judío regresaría a su tierra natal. Con el tiempo, comenzaron a sentir que algo los empujaba hacia Israel, aunque en un principio Shirley se sintió desanimada ¡por lo primitivo que era nuestro país en comparación con Zimbabue en aquella época!

Desafortunadamente, cuando por fin se decidieron a actuar, uno de sus hijos adultos se opuso a su fe y los denunció ante la Federación Judía. Esto inició la bola de nieve que culminaría en un fallo histórico de la Corte Suprema contra los judíos creyentes en Yeshúa.

Durante siglos, la tradición judía ha establecido que una persona es judía si su madre es judía, pese a que en los tiempos bíblicos, un judío era conocido por la identidad de su padre. En un extraño giro de ironía, a los Beresford se les denegaría la ciudadanía como creyentes judíos porque ambos tenían madres judías. Si una de sus madres hubiera sido gentil, ¡no habría existido ninguna posición rabínica para decir que como judíos habían abandonado la fe judía!

Ari (izquierda) junto a Shirley y Gary Beresford mientras se preparaban para un evento de la congregación en el Centro Ministerial Maoz

Nos involucramos

Cuando Gary y Shirley se mudaron originalmente a Israel, se unieron a nuestra congregación en Ramat Hasharon, y Ari y yo estuvimos muy involucrados en su caso. Les dijimos: «Deben luchar contra esta decisión. Incluso los judíos que viven en flagrante pecado son considerados judíos. Si las autoridades rabínicas se salen con la suya al determinar que un judío se convierte en no judío tan solo por creer en Yeshúa el Mesías, esto podría significar un cierre total de la inmigración de judíos mesiánicos cuyo único crimen es creer en un Mesías judío al que los líderes rabínicos han odiado durante milenios».

Sin ningún estatus migratorio legal en el país, los Beresford eran considerados unos simples turistas que tenían prohibido trabajar, entonces escribimos en detalle sobre su caso y ayudamos a recaudar dinero para cubrir los costes legales. Los creyentes de todo el mundo se unieron en oración y apoyo para mantenerlos en Israel. Consciente de la gravedad de la situación, el abogado Jay Sekulow nos ayudó con su asesoramiento en aquellos días. Esto iba mucho más allá de una pareja; era un reclamo que debía ser afrontado.

El impulso de la oración colectiva para el caso, tanto por parte de los creyentes locales como del extranjero, fue el más grande que habíamos conocido; y, por eso, resultó tan devastadora la sentencia de los jueces de la Corte Suprema el día de Navidad de 1989, en la que se les negaba la ciudadanía a los Beresford.

Sin embargo, en Israel no hay lugar para los débiles, y estábamos decididos a seguir luchando junto a ellos. Continuamos haciéndonos cargo de los gastos de su caso judicial, incluida otra apelación, pero después de casi seis años de retrasos en los tribunales, el 2 de julio de 1992, la Corte Suprema falló por última vez en contra de su solicitud de ciudadanía.

La Corte les exigió 6.250 dólares a la pareja y a otras dos familias a las que también se les denegó la ciudadanía, ¡porque perdieron el caso! Nuestros maravillosos colaboradores de Maoz no defraudaron a estos pioneros mesiánicos, y pudimos pagar la totalidad. No obstante, la fe es algo curioso. Y las plegarias que quizás parecen no ser respondidas sí son escuchadas. Por primera vez, se tomó más conciencia sobre los judíos mesiánicos en Israel. Además, los cristianos de todo el mundo, de repente, oyeron hablar sobre la identidad única de aquellos judíos que, siendo todavía judíos, aceptaron a Yeshúa. Muchos países invitaron a los Beresford a que dieran su testimonio y explicaran de qué trataba el Judaísmo Mesiánico.

Los creyentes israelíes organizaron una protesta por los Beresford frente a la oficina del primer ministro. Ese mismo día, los activistas del grupo militante Hamás llevaron a cabo una protesta en un lado de la calle, mientras que del otro lado estaban los judíos religiosos que reclamaban que las mesetas del Golán siguieran siendo parte de Israel. Si bien los periodistas habían llegado para cubrir la controversia sobre la tierra, los creyentes israelíes se encontraron en medio de los dos bandos y, por ende, acabaron siendo noticia en todo el mundo, literalmente.

Plegaria respondida, a la manera de Dios

Tal vez algunas plegarias son respondidas al instante y de forma milagrosa, mientras que otras son respondidas de maneras completamente distintas, no como uno esperaría. A pesar de que perdimos el caso, cuando se dictó la sentencia contra los Beresford, Israel estaba muy ocupado con casi un millón de judíos rusos que inundaban la tierra (¡Unos cuantos de ellos habían nacido de nuevo en multitudinarias reuniones de avivamiento en Rusia!)

Esta afluencia implicaba que los funcionarios que solían investigar las creencias personales de cada individuo estaban demasiado ocupados para hacer otra cosa que no fuera tratar de documentar el tsunami de inmigrantes rusos que entraban en masa por las puertas de Israel. A los pocos meses del histórico fallo contra la legitimidad de Yeshúa como creencia judía, muchos judíos mesiánicos del este también estaban teniendo éxito a la hora de convertirse en israelíes. De hecho, en un momento, la cantidad de creyentes que obtuvo la ciudadanía fue tanta que tuvimos que buscar por todos lados para encontrar habitantes que se acercaran y los ayudaran a adaptarse.

Una de las personas que la solicitó fue Michael (nombre ficticio) y su familia. Era un líder mesiánico destacado que llegó primero para solicitar la ciudadanía y debía regresar con el resto de su familia en un plazo determinado. Él y su esposa, Sarah (nombre ficticio), habían planificado el trascendental viaje de regreso para obtenerla. Sin embargo, unos pocos días antes del vuelo, Michael se quebró la pierna y no pudo viajar. Esta era la única oportunidad de su familia para convertirse en ciudadanos israelíes ya que no disponían de una cantidad ilimitada de dinero para volver y repetir el proceso desde cero, así que Sarah vino sola. Desde luego, si hay algo que caracteriza a Israel es el ser un país con un sinfín de obstáculos. Por lo tanto, Sarah hizo su mejor esfuerzo y voló por su cuenta. Cuando llegó, se llevó una gran decepción al descubrir que todas las oficinas del gobierno se habían declarado en huelga por tiempo indeterminado.

Sarah y yo oramos con mucho fervor. Decidimos que, a pesar de la huelga, iríamos a la oficina de inmigraciones. Llegamos a las seis de la mañana y fuimos las primeras de la fila en las Torres Shalom de 34 pisos, el edificio más alto por aquella época, no solo de Tel Aviv, sino de todo el Medio Oriente. Las oficinas de inmigración estaban allí, pero las noticias habían anunciado que sólo aceptaban casos de emergencia.

Un millón de rusos inundaron Israel en pocos años tras la caída de la URSS. Su llegada marcó un giro en muchos ámbitos de la cultura y del desarrollo de Israel.
Créditos: Biblioteca Nacional de Israel

Incluso a esa hora tan temprano, gran cantidad de gente se aglomeró en las afueras del edificio, sin que la huelga los disuadiera. De vez en cuando, un guardia en la puerta principal del edificio dejaba pasar a unos cuantos a la vez; nosotras logramos entrar.

Cuando, por fin, encontramos el piso correcto, una multitud compacta de alrededor de 50 personas ya se agolpaba frente a la puerta cerrada con llave. Cada cinco minutos más o menos, un guardia se asomaba. Las personas gritaban sus peticiones, y el guardia las señalaba en medio del caos y contestaba: «¡No, no pueden entrar! ¡Estamos en huelga!», y cerraba la puerta. Y la escena se repetía.

En aquellos días, Israel no estaba familiarizado con hacer filas, así que estiré los codos y los pies lo más posible para evitar que los recién llegados intentaran agolparse delante de nosotras. Despacio, nos fuimos acercando a la cabeza de la fila. La puerta se abrió. ¡En inglés!, dijimos: «¡Urgencia!». ¿Acaso una pierna quebrada no es una urgencia? Luego, agregué: «Mi amiga está aquí para obtener su ciudadanía. Su esposo se quebró la pierna y no pudo venir, por lo que es una urgencia». Entonces, interpuse mi pie para que la puerta no se cerrara.  

El guardia nos miró y nos dejó pasar. Nos atendieron varias personas hasta que, finalmente, nos encontramos frente a un empleado que comenzó a buscar la solicitud de Sarah en una maraña de papeles esparcidos por su escritorio. Si no encontraba la documentación, no habría forma de obtener el sello de aprobación.

De repente, Sarah vio cómo un papel salía volando hacia la mano del empleado mientras él seguía buscando. Echó un vistazo al lugar, y no había ninguna ventana abierta, pero una ventisca parecía haberlo movido; resultó ser su solicitud.

El secretario observó el papel y dijo: «No podemos procesar esto. Se supone que sus hijos deben acompañarla para que podamos tomarles juramento». En ese momento, sonó su teléfono a la vez que otro empleado entraba por la puerta con una resma de papeles. Nuestro empleado estaba tan ocupado hablando con este hombre y también por teléfono que sin darse cuenta firmó el papel y se lo entregó a Sarah.

Cuando le entregamos la documentación firmada a la última oficial, nos hizo una serie de preguntas:

—¿Dónde están sus hijos? —preguntó.

—Me dijeron que no era necesario que vinieran —respondió Sarah.

—¿Tiene la identificación de su esposo? —replicó la oficial.

Al ver la foto, sonrío.

—¡Ah, sí! ¡Me acuerdo de su esposo! ¡Era un hombre muy alegre! —dijo.

Mientras salíamos de las Torres Shalom, me volví hacia mi amiga y le comenté: «¡Uf! Eso fue como abrir el mar Rojo». ¡Otra familia judía nacida de nuevo llegaba a Israel!

Ari y Shira en la década de 1980 siempre estaban fantaseando sobre el futuro

Este fue tan solo uno de los muchos milagros que se produjeron en aquella época. En los años siguientes, el Señor permitió que llegara a la tierra una corriente de buenos líderes mesiánicos y jóvenes creyentes judíos, quienes ayudarían a construir las bases del movimiento mesiánico que hoy está activo y en expansión.

El tiempo cura muchas cosas, y el hijo que delató a los Beresford ya les pidió disculpas hace tiempo. Y para demostrar que las numerosas plegarias por ellos no solo trajeron respuestas para otras personas, algunos años después, la pareja volvió a solicitar la ciudadanía en la tierra de sus antepasados, la tierra de su Mesías, y la obtuvieron de forma rápida y sin escándalos de por medio.

No cabe duda de que siguen existiendo desafíos para aquellos judíos inmigrantes cuyo Señor es Yeshúa. Sin embargo, en privado, el gobierno, el ejército y los habitantes han comenzado a apreciar la naturaleza leal, respetuosa de la ley y trabajadora de los judíos israelíes seguidores de Yeshúa.

Incluso en los tiempos de Esdras y Nehemías, cuando los judíos volvieron a Israel, pasaron décadas entre la llegada de los primeros pioneros hasta que Jerusalén fue completamente restaurada y el pueblo volvió a sus antiguas Escrituras y prácticas.

Cuando Ari y yo reflexionábamos sobre las décadas que habíamos pasado en Israel, podíamos decir con total honestidad que faltaba un largo camino por recorrer, pero se estaba avanzando a paso firme. El Reino de Dios estaba progresando, y Él nos estaba usando a nosotros, Sus siervos, para hacerlo posible. No obstante, algunos de los mejores y peores días de nuestras vidas todavía no habían llegado; apenas estábamos comenzando.

Continuará el próximo mes…

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