Boletín de Maoz Israel junio 2020

David, el salmista

Conoce a David Loden, cuya historia sigue transmitiéndose a lo largo de las generaciones y, a quien se le recordará como el padre del movimiento musical judío mesiánico de Israel.


Shani Ferguson
Por Shani Ferguson
Tiempo de lectura: .

Lisa Stewart no nació en una familia de holgazanes. Sus abuelos hablaban cerca de una docena de idiomas cada uno. No solo eso, su abuelo participó como espía en la revolución contra el zar de Rusia. Él quería que Rusia fuera un país democrático, pero lo atraparon, y el régimen del zar lo forzó a exiliarse a Siberia. Lisa jamás pudo saber el nombre verdadero de su abuelo ya que siempre se lo llamaba por su seudónimo de espionaje. Aunque sus abuelos no lograron ver cumplido su sueño de una Rusia democrática, tras un tiempo se les otorgó un permiso para mudarse a Estados Unidos en 1921. Llegaron justo a tiempo, tres días después nacería la madre de Lisa.

Lisa creció en una segunda generación de estadounidenses, pero sus raíces rusas‑judías resultaron evidentes en su crianza, en especial con respecto a la importancia de una buena educación. La mejor escuela en el pueblo de Michigan era una luterana, y a pesar de que ella era judía, allí fue. Desde muy pequeña, Lisa tuvo un profundo deseo de saber si existía Dios. Sin embargo, pese a su curiosidad, nunca quedaba satisfecha con las respuestas que le daba el clérigo luterano de su escuela. Así que, sus preguntas continuaron sin responderse. 

Ingresó a la universidad en el momento justo para la escena universitaria de desilusión y revolución de la década de 1960. Mientras buscaba su verdad espiritual, aceptaba todo aquello que la deslumbrara. Dijo: «Sabía que Dios me protegía. Probé todas las prácticas espirituales oscuras y tomé todo tipo de drogas psicodélicas. Por algún motivo, no obstante, mis amigos, que también consumían drogas duras, no me dejaban probar las más fuertes. Poco después, todos ellos terminaron encarcelados o muertos».

Con el tiempo, Lisa se cansó de esta situación y decidió que prefería vivir como una ermitaña. Un amigo de la familia era dueño de aproximadamente cincuenta hectáreas en el Parque Nacional Olímpico, en el estado de Washington, en donde había una vieja cabaña. El hombre accedió a alquilarle toda la propiedad y la cabaña por un dólar al año. Entonces, Lisa se dedicó a arreglar la cabaña y asistir a una universidad que quedaba a 80 kilómetros para obtener un título universitario.

Desde su cabaña, la evidencia más cercana de civilización era una gasolinera solitaria a casi 8 kilómetros de distancia, a la cual solía ir caminando. Era el estilo de vida ideal para una solitaria, excepto por aquella noche en la que un hombre, que le había dado un aventón unos días atrás, llegó borracho a la cabaña e intento ingresar por la fuerza. Por suerte, fue el único «incidente» que tuvo.

El café de Sappho donde se conocieron David y Lisa

David

David Loden también era de Michigan, aunque a su familia no le interesaba para nada la política y habían sido granjeros por generaciones. Podría decirse que el nombre David le sentaba de maravilla pues se crio con un único interés en mente: la música. Estudió piano, se unió a un coro de niños, y a los ocho años de edad, comenzó a componer, con compositores como Bach como referentes de inspiración. Él no era religioso, pero disfrutaba el potente sonido de los coros. Su familia se mudó a California, lugar donde encontró otro coro al que unirse y se convirtió en su director con tan solo 16 años. A los 19 años, estaba estudiando ópera y, unos pocos años después, logró llegar a Broadway

Desde compositor a actor de Broadway, cantante de ópera y diseñador de iluminación, el talento, la versatilidad y los conocimientos de David le consiguieron el puesto de director de escena y, finalmente, el de supervisor de producción para el Joffrey Ballet a lo largo de todo Estados Unidos. Como parte de su trabajo, terminó en Seattle durante varios meses.

Necesitando un respiro de tanto trabajo en Seattle, David y uno de sus amigos decidieron irse una semana de campamento al Parque Nacional Olímpico. Durante siete días, comieron pescado que sacaron del arroyo hasta que acordaron que era hora de una buena hamburguesa clásica. Todo sucedió en una gasolinera a la que entraron en el medio de la nada.   

De todas las cosas que esperaban encontrarse en una gasolinera tan apartada donde hombres fornidos paraban a almorzar, una mujer joven con muchos libros universitarios apilados sobre la mesa no era una de ellas.

Lisa, la adorable

Cuando Lisa quitó la vista de sus libros para detenerse a observar a dos hombres que entraban, se sintió inmediatamente atraída por uno de ellos. Empezaron a conversar y les preguntó si se dirigían hacia su cabaña, pero los jóvenes le explicaron que iban en dirección contraria. Unos minutos después de haberse marchado, sin embargo, David dio la vuelta con el coche y quiso llevarla a su casa. Lisa no creía en Dios, pero en el momento en que se despidieron, supo que Él la había destinado a estar con aquel muchacho de nombre David, según había averiguado. David le dijo a Lisa que él tenía un contrato de un año que cumplir con el Ballet, pero que tan pronto como culminara, regresaría.

Volvió a Nueva York para cumplir con lo pautado, pero no podía sacarla de su mente. Él no era del tipo que escribía cartas y se dio cuenta de que ni siquiera sabía el apellido de la muchacha. A pesar de esto, en esos seis meses que le quedaban, le escribió tres cartas, cuya destinaria era sencillamente Lisa la adorable, Sappho, Washington. Ella las recibió.

Cuando David regresó a Washington, él y Lisa no tardaron en ver el profundo compromiso que los unía y condujeron hasta el pueblo de la universidad de Lisa para obtener una licencia de matrimonio. Ella conocía a un amigo que oficiaba como ministro de cienciología y que aceptó casarlos y firmar la licencia. David, que en aquel entonces estaba muy interesado en la astrología, calculó que según sus fechas de nacimiento, debían casarse a las siete de la mañana. Sin embargo, cuando se hizo la hora ese día, el ministro aún no había llegado. Como no querían desaprovechar su ventaja celestial, David y Lisa congregaron a algunos hippies que andaban cerca para que fueran sus testigos y se casaron ellos mismos. El ministro al final sí llegó y firmó los papeles para que el matrimonio fuera legalmente válido.

La pareja vivía en la pequeña cabaña, y David trabajaba en la maderera local. A los leñadores no les importaban los hippies, pero David descubrió que Merle, el gerente de la maderera, era la excepción. Los hippies siempre lo visitaban en su hogar, y la esposa de Merle se la pasaba cocinando y atendiendo a las visitas. Un día, David se animó a preguntarle: «¿Por qué no eres como el resto de los leñadores de aquí?». Merle le explicó que era debido a Jesús. Él era cristiano y eso es lo que los cristianos hacían. Durante semanas enteras, tras salir de trabajar se pasaban horas y horas hablando sobre la fe y la verdad. Él tenía muchas de las respuestas a las preguntas de David, pero fue el estilo de vida de Merle lo que le hizo creer a David que podía confiar en él. David comenzó a ir a su iglesia y, un día, ya de vuelta en su hogar, le dio a su esposa la noticia de que le había entregado su vida al Señor.

La primera reacción de Lisa no es algo que se pueda compartir en un artículo familiar o amistoso como este. Ella había estudiado las diferentes religiones y había llegado a la conclusión de que Jesús era una farsa. En su mente, David había aceptado el superficial, materialista e hipócrita mundo de la Iglesia a la que ella había llegado a odiar, y estaba furiosa. Las siguientes semanas trascurrieron entre muchas discusiones, pese a que, como ella misma admitió, todo lo que había intentado hasta ese momento tampoco había funcionado. La conducta apacible de David al contestar muchas de las preguntas de Lisa era tanto intrigante como molesta. Así que Lisa insistió en acompañar a David cuando visitara a Merle, aunque fuera solo para demostrarle el error que él estaba cometiendo.

Al final, no obstante, lo que la convenció no fueron las respuestas a las preguntas, sino el profundo sentido de amor que Merle y su familia irradiaban. Eso, y la pregunta que él le hizo: «¿Por qué no le das a Jesús la misma oportunidad que les diste a todas las otras religiones que has probado?». Si bien Lisa no creía en eso, aceptó orar. Mientras terminaba la oración del pecador, susurró: «En el nombre de Jesús. Te doy dos semanas».

Lisa lo decía en serio. Si quería quitar a Yeshúa de su lista de verdades potenciales, necesitaba darle una oportunidad genuina. Daría lo mejor de sí misma durante dos semanas y seguiría las instrucciones de Merle para leer la Biblia, orar y pasar tiempo con otros creyentes. Ella recuerda: «Leer la Biblia y orar no era divertido, pero lo fácil era reunirme con otros creyentes».

Dos semanas después, David y Lisa iban camino a la iglesia con otras dos parejas a las que llevaban para que escucharan el Evangelio. Ellos sabían que debían poner dinero para el diezmo, pero no tenían. Lo que sí tenían, sin embargo, era una vaca, entonces optaron por dar la leche como ofrenda. De golpe, su neumático explotó, y la furgoneta dio tres vuelcos hasta el terraplén. Mientras la leche y la gasolina volaban por todas partes, David escuchó a Lisa decir: «¡Ayúdame, Jesús!». Cuando el auto por fin se detuvo, Lisa ya no estaba en el asiento del acompañante. David, colgando boca abajo, se libró a toda prisa, salió y la encontró sepultada bajo la furgoneta, con todo el peso del vehículo que aplastaba su cuerpo de la cintura para abajo. Algunos leñadores que también iban camino a la iglesia y fueron testigos del accidente, se apresuraron y ayudaron a levantar el coche a fin de que Lisa pudiera zafarse.

Ella no recuerda en absoluto haberle implorado ayuda a Yeshúa, pero no le quedó ningún dolor o trauma del choque. Lo que sí recuerda es haber sentido una presencia, y allí supo al instante que Yeshúa y el mensaje del Evangelio eran reales. En el hospital, le informaron que se había fracturado tres costillas, la cadera y la pelvis, y que debía usar un yeso durante casi tres meses. Al igual que Lisa, su amiga Judy, que también estaba en la furgoneta al momento del choque, tuvo un largo periodo de recuperación.

Cuando Merle se enteró de lo que había sucedido, quitó todos los muebles de su comedor y colocó dos camas con el fin de poder cuidar de Lisa y de Judy. Tanto Judy como su novio, quien también estuvo en el choque, entregaron su vida al Señor en ese tiempo y se casaron de modo oficial mientras Judy seguía en el hospital. Al día de hoy, todavía son creyentes.

En la sexta semana de recuperación de Lisa, David escuchó sobre el bautismo y le pidió a Merle ser inmerso en agua. Lisa no quería quedarse fuera de la experiencia; y, dado que es imposible sumergirse con un yeso, decidió cortar el yeso ella misma y así bautizarse. Esto fue alrededor de cincuenta años atrás, y desde aquel entonces jamás le volvieron a molestar sus heridas.

Al poco tiempo, en un servicio, el pastor predicó un mensaje y habló de Israel. De algún modo, esto comenzó a despertar algo dentro de Lisa con relación al significado de su judaísmo y su creencia en Yeshúa. David también sintió este despertar que lo llevó a comenzar a escribir y componer música de la Biblia. Durante tres años, viajaron por toda la costa oeste y Canadá, mientras tocaban música, cantaban y daban testimonio de lo que Dios había hecho por ellos. Viajar y ejercer el ministerio era muy gratificante, pero ambos podían ver a dónde apuntaba todo esto. Israel los estaba llamando.

En 1973, visitaron un campamento de adoración en Canadá, donde Merv y Merla Watson tocaban algunas de las primeras formas de música de adoración escritas con sonido judío. También conocieron a Shira Lindsay (antes de que se casara con Ari Sorko-Ram), quien, habiéndose mudado a Israel seis años antes, tenía muchísima información pertinente sobre realizar la aliyá, o inmigración, a Israel. Más tarde, David y Lisa comenzaron desde Canadá el proceso de la aliyá.

Cuando Merv y Merla empezaron a planificar una gira musical en Europa para el año siguiente, David, con su experiencia en organizar esta clase de eventos, ayudó a preparar el viaje. A esa altura, el papeleo de la aliyá de David y Lisa había sido aprobado, de modo que se unieron a la gira y de allí, compraron un pasaje de ida a Israel.

David y Lisa a cargo de la adoración en la congregación de Ari y Shira (sentados en el fondo) en Herzliya

Camino a Israel

Como suele suceder en Israel, nada salió como estaba planeado. El centro de absorción que debía darles asilo estaba demasiado lleno, y así, con tan solo ochenta libras a su nombre, a David y a Lisa se los hospedó en un pequeño cuarto de hotel. Durante los primeros dos años en Netanya, se dedicaron a estudiar hebreo; y al terminar, alquilaron una casa en las afueras de la ciudad, donde Shira también tenía pensado mudarse.

Por esa época, Shira, que había hecho un viaje relámpago a California para hablar de Israel, había conocido a un actor de nombre Ari, al que convenció de que como judío creyente en Yeshúa, su hogar estaba en Israel. A pesar de su éxito en Hollywood en aquel entonces, el actor aceptó darle una oportunidad al país; y en seis meses, Ari y Shira estaban casados. Ese mismo año, fundaron Maoz Israel y se mudaron a Netanya, cerca de David y Lisa. Ambas parejas comenzaron a llevar a cabo pequeñas reuniones en sus casas.

En búsqueda de un lugar más amplio para realizar dichas reuniones, Ari y Shira se enteraron de que existía la oportunidad de alquilar una casa en Herzliya, alrededor de 20 minutos al sur de Netanya. La casa había sido clausurada y abandonada debido a que los dueños habían sido asesinados unos cuantos años antes. La situación hizo que el alquiler fuera barato, pero transformar el sótano enmohecido en su nuevo sitio de reuniones fue una labor de amor.

Los creyentes locales estaban muy emocionados por la idea de poder reunirse, y al poco tiempo, la casa en Herzliya tenía casi setenta participantes. Si bien Ari y Shira concibieron una congregación que era cien por ciento judía tanto en su cultura como en su lengua, no se puede negar que la parte de cantar en hebreo fue la más difícil de alcanzar.

En primer lugar, adorar en hebreo implicaba que había muy pocas canciones de las cuales escoger. Segundo, de los creyentes que vivían en Israel en ese momento, la mayoría de ellos eran voluntarios estadounidenses e inmigrantes judíos recién llegados que apenas estaban aprendiendo lo básico de cómo hacer compras en hebreo. Así que, a nadie sorprendió el poco entusiasmo que despertó la pasión de los Sorko-Ram por adorar en hebreo. Se supone que adorar a través de la música debe ser una experiencia emotiva entre el hombre y Dios; y para un inmigrante, nada mata más ese sentimiento de intimidad que cantar palabras extrañas con los sonidos guturales característicos del hebreo. Ari y Shira compartieron su preocupación con los Loden, quienes acordaron hacerse cargo de la adoración durante un año entero a fin de ayudar a que los fieles se acostumbraran. Para los Sorko-Ram, este fue el inicio de su primera congregación religiosa en hebreo. En esa misma época, los Loden pusieron en marcha su propia congregación mesiánica en Netanya.

David utilizando la última tecnología para escribir y grabar su música

David, el salmista

Redoblando la visión de adorar en hebreo, David no estaba satisfecho con las versiones traducidas de los lúgubres himnos anglosajones. Comenzó a escribir canciones a partir de las Escrituras hebreas para luego adaptarlas a la música de la cultura que lo rodeaba. Él sería el pionero de un sonido que liberó la naturaleza festiva de la cultura judía; ¡a los judíos les encanta danzar! Curiosamente, fue durante ese tiempo, en el que los judíos comenzaron a adorar y celebrar en hebreo, que los cristianos de todo el mundo empezaron a incorporar canciones de celebración a sus propias iglesias e incluso, qué sorpresa, a danzarlas.

Aunque David seguía escribiendo canciones de adoración, su corazón jamás abandonó su primer amor: la música clásica. Sabía que había muchos israelíes que amaban la música clásica tanto como él y se había propuesto demostrar que era posible predicar la Biblia con una orquesta sinfónica. Una vez más, la idea fue recibida con escepticismo, pero Ari y Shira se dieron cuenta al instante de cuán valiosa era. Los colaboradores de Maoz se pusieron de acuerdo y durante años donaron decenas de miles de dólares a la obra de los Loden.

David escribió y produjo muchas piezas, incluida una ópera completa, David y Bathsheba, con el fin de destacar el arrepentimiento sincero y genuino. También produjo El Mesías, la icónica pieza clásica de Händel, en hebreo. En resumen, la obra de Händel es una presentación de dos horas acerca de las escrituras de los libros del Antiguo y Nuevo Testamento sobre la venida de Yeshúa, el Mesías. Junto con Aryeh Bar David, otro pionero mesiánico, David adaptó de forma muy minuciosa, y línea por línea, las palabras a la música. Debido a su estatus de ícono, David fue capaz de representar, durante estos últimos diez años, este mensaje flagrante sobre Yeshúa ante miles de israelíes, incluidos sobrevivientes del Holocausto e intelectuales, en el hebreo original. Este mensaje, de cualquier otro modo, es hoy en día aún difícil de transmitir de forma pública en Israel.

Hace poco, en una charla con Shira, Lisa le dijo: «Cuando presentamos la ópera en Tel Aviv, tú y Ari fueron las personas que nos brindaron su apoyo total porque creían en ella. El teatro estaba casi lleno, y los creyentes pudieron traer a sus amigos no creyentes gracias a ustedes. Las personas en verdad se conmovieron, y tenemos muchos testimonios que surgieron de eso. Ustedes entienden el lugar que ocupan la cultura y el arte. Muy pocos en nuestra comunidad mesiánica, incluso en la actualidad, entienden el potencial del arte y de la cultura para influir en nuestro mundo».

Si bien hubo algunas canciones originales que escribieron los primeros en llegar a la tierra, David fue el primero en publicar un cancionero de adoración en hebreo, además del primero en grabar música judía mesiánica de modo que las canciones pudieran cantarse en todo el mundo. Algunas de sus canciones, como Roni Bat Tzion, se convirtieron en piezas esenciales de las presentaciones musicales mesiánicas y se tradujeron al inglés. De hecho, algunos de los niños del programa Music Making for Kids de Maoz utilizan sus piezas musicales clásicas como material de estudio.

David y Lisa Loden todavía viven en Netanya y a través de su organización Kamti, continúan escribiendo y tocando música por todo el mundo. Sus vidas son un testimonio de la capacidad de Dios de no solo cautivar el corazón y la imaginación de cualquiera que Él escoja, sino también de llevarlos a una aventura que los cambia y que, a su vez, afecta a toda una generación de fieles.

La música de David sigue transmitiéndose a lo largo de las generaciones y, por lo tanto, siempre se lo recordará como el padre del movimiento musical judío mesiánico de Israel.

Traducir esta publicación

Descubra algo nuevo sobre Israel.

Ver todo Boletín de Maoz Israel